LOS ARAGONESES EN EL CENTRO DE ESTUDIOS HISTÓRICOS: HISTORIA DE UNA AMISTAD, HISTORIA DE UNA «ESCUELA», HISTORIA DE UNA PROFESIÓN* IGNACIO PEIRÓ MARTÍN Universidad de Zaragoza La AMISTAD de Eduardo Ibarra con Julián Ribera y Tarragó venía de largo: prác- ticamente, desde 1887, en que el discípulo predilecto de Francisco Codera tomó posesión de la Cátedra de Árabe de Zaragoza 1 . En los siguientes años, el «retraído» y «poco hablador (…) valenciano, de unos treinta años, con traza de árabe hasta en lo físico», se convirtió en el modelo que sellaría el compromiso con la historia del joven Eduardo Ibarra: poco á poco se estableció entre nosotros relación amistosa que el tiempo fue estre- chando hasta convertirla en verdadera fraternidad espiritual y científica […] yo encontraba en Ribera el afecto y consejo que hubiera hallado en un hermano mayor, más de apreciar por haber sido yo hijo único y él veía en mí, y al par yo en él las condiciones más opuestas 2 . [ 131 ] * Este texto se inscribe en el Proyecto HUM2005-04651/HIST, «Espacio Público y culturas políticas en la España Contemporánea», subvencionado por el Ministerio de Educación y Ciencia. Es la reelabo- ración de la conferencia que con el título «Los aragoneses en el Centro de Estudios Históricos», impartí el miércoles 30 de enero, en el curso El Centro de Estudios Históricos y sus vinculaciones aragonesas (en ocasión del centenario de Rafael Lapesa), organizado por la Institución «Fernando el Católico» y celebra- do en Zaragoza los días 30 y 31 de enero, y 1 de febrero de 2008. Creo conveniente advertir, asimismo, que las ideas matrices del presente artículo forman parte del capítulo 3 de mi libro Los maestros de la Historia: Eduardo Ibarra y la profesión de historiador en España (de próxima publicación en Urgoiti Editores), y así las expuse en la sesión inaugural del Seminario de Historia Contemporánea, celebrada el 10 de enero de 2006 en el Departamento de Historia Contemporánea del Instituto de Historia del CSIC. 1 Julián Ribera tomó posesión de la cátedra el 24 de junio de 1887. La Cátedra de Lengua Árabe se había establecido en la Facultad de Letras de Zaragoza, en lugar de la de Lengua Hebrea (vacante desde el fallecimiento de Arturo Gallardo en 1882), por mediación del maestro de los arabistas espa- ñoles Pascual Gayangos quien, después de ocupar el cargo de director general de Instrucción Pública en el primer gobierno de Sagasta, se había convertido en una de las personalidades más influyentes de la política educativa liberal. La noticia la recordaba Francisco Codera y Zaidín en su «Contestación» a Julián Ribera, «Huellas que aparecen en los primitivos historiadores musulmanes de la Península, de una poesía épica romanceada que debió florecer en Andalucía en los siglos IX y X», Discursos leídos ante la R.A.H. en la recepción pública del Sr. D. —, el día 6 de junio de 1915, Madrid, Imp. Ibérica-Estanislao Maestre, 1915, p. 75). 2 Los entrecomillados de Eduardo Ibarra y Rodríguez están entresacados de su «Prólogo» auto- biográfico a ¿Por qué inició Castilla la colonización española en América?, Última lección expuesta en