323 La lámpara maravillosa, visión interior desplegada por el espíritu desprovisto de opacidad, ejerce su irradiación iluminando tierras desamparadas, lugares no accesibles dominados por la noche permanente, «caminos de tierra por donde vol‑ ver al goce quieto del mundo» (Valle‑Inclán, 1995: 145), a esa resurrección en vida del hombre «que ha accedido a la «morada que genera su propia luz»» (Corbin, 2000: 74), a una conciencia de sí mismo a partir de la cual se comienza a ser, se hace el individuo un único ser indisoluble de su propio destino, participando de él. Esta aludida aridez engarza de lleno los preceptos expuestos en La lámpara maravillosa con el molinosismo, pero también, aun de modo velado, con multitud de corrientes de carácter heterodoxo en tanto que toda actitud, una vez que rebasa los límites consentidos por el dogma, se aleja de la ortodoxia sustituyendo la verdad servil y esclerótica por aquella otra libre y unitiva. Así lo leemos en Meister Eckhart cuando indica que «quien quiera comprender la doctrina de Dios debe superarse y elevarse por encima de todas las cosas que tienen extensión: debe separarse de ellas» (Eckhart, 2008: 95), debe acceder, por lo tanto, a un espacio no obstructivo, limpio de maleza; un tiempo despojado, en fn, de su propia medición usual. Desde esta heterodoxia se propugna así el abandono de un mundo fenoménico para acceder a aquel otro carente de saturaciones, de puntos de referencia y variables relativas en tanto que portadoras de una dimensión espacio‑temporal, un mundo despojado de particiones cuantitativas, de formas fjas, donde observamos el combate del yo con‑ tra la nada en el abismal mundo del alma. Desprovisto de condicionamientos sensi‑ bles, el sujeto deberá dirigirse –acudiendo de nuevo a Corbin– a un polo, a un norte coincidente con el «oriente místico suprasensible, lugar del Origen y el Retorno, objeto de la búsqueda eterna» (Corbin, 2000: 20). De acuerdo con esta doctrina heterodoxa cuyo rastro lo podemos seguir a través de la mística sufí o la renana, por ejemplo, este polo, coincidente con la divinidad, podrá ser encontrado una vez que el ser halla en su desposesión de individualidad sustancia divina, un principio de semejanza mediante el que se supera un estado de conocimiento y se accede al Fundamentos quietistas en la poética de Valle-Inclán Guillermo Aguirre Martínez Universidad Complutense de Madrid 19 CtV_Artes_Guillermo Aguirre.indd 323 07/12/12 09:39