Área: América Latina - ARI Nº 104/2004 Fecha 28/5/2004 Haití: España debe decir sí Carlos Malamud Tema: Ricardo Lagos, el presidente de Chile, durante su entrevista mantenida con José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del gobierno de España, el pasado 25 de mayo, invitó a nuestro país a sumarse a la fuerza multinacional de paz destinada a Haití, bajo mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), enviando tropas. El mismo pedido fue formulado días después, en Guadalajara, por el presidente Lula. El presidente Rodríguez Zapatero prometió estudiar la propuesta y de hecho ya lo está haciendo. Resumen: La intervención de Estados Unidos y Francia en Haití fue acompañada de una llamada a los países de América Latina y el Caribe a implicarse abiertamente en un tema que afecta directamente al hemisferio americano. Así había ocurrido en el pasado cuando se intervino para salvar al gobierno de Aristide. En esta oportunidad el eco fue menor y sólo respondieron positivamente Brasil, Chile y Argentina, junto a Canadá, que también es miembro de la Organización de Estados Americanos (OEA). Es en este contexto que los presidentes Lagos y Lula formularon su propuesta a España, una propuesta ante la cual la respuesta española sólo pueda ser una: sí. Análisis: La difícil situación de orden público existente en Haití a fines de 2003 y principios de 2004, con bandas de delincuentes y narcotraficantes alzados en armas, hizo sonar bastantes alarmas en Washington y Paris. A medida que la coyuntura se iba deteriorando y el riesgo de guerra civil aumentaba, la posibilidad de intervenir directamente para evitar un derramamiento de sangre se hizo cada vez más necesaria. Finalmente, y en una decisión muy controvertida, los gobiernos de Francia y de los Estados Unidos, junto a Canadá, decidieron enviar sus tropas a Puerto Príncipe y las principales ciudades del país, de modo de permitir la salida pacífica de Aristide y colocar en su lugar a un nuevo gobierno. Los motivos de unos y otros para tomar la grave decisión de desembarcar en Haití fueron diferentes, aunque finalmente se produjo la convergencia entre los intereses de Bush y los de Chirac en esta materia. Para el presidente Bush hubiera sido nefasto, en un año electoral en el que está en juego su reelección, tener que contemplar la llegada a las costas de Florida de cientos de barcos maltrechos transportando a miles de haitianos, huyendo de la catástrofe en la búsqueda del paraíso americano. Para Chirac se trataba de una ocasión de oro para recomponer su relación con los Estados Unidos sin comprometer los temas más sensibles de la agenda bilateral, comenzando por la controvertida cuestión de Irak. En Estados Unidos rápidamente se escucharon numerosas voces en contra de la intervención y en defensa del gobierno de Aristide, al que se le reconocía al menos una legitimidad de origen democrática. Claro está que la legitimidad de ejercicio no se había logrado, en un clima de abierta corrupción y negligencia en el ejercicio del gobierno. Reputados intelectuales, como el economista Paul Krugman, mostraron su oposición al 1 Carlos Malamud, Investigador principal para el área de América Latina, Real Instituto Elcano brought to you by CORE View metadata, citation and similar papers at core.ac.uk provided by Repositorio Digital RIBEI