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Treinta y un años después de la implantación
de una dictadura devastadora y a veinte años exac-
tos de las primeras elecciones de la recuperada de-
mocracia, Uruguay eligió –por primera vez en su
historia- un gobierno “de izquierdas”. Veintisiete
años después de una dictadura que todavía ronda
como una pesadilla y dos décadas después de la
recuperación de la democracia, Argentina consagró
a un presidente (auto) identificado con la “izquier-
da” del peronismo (o “peronismo revolucionario”)
1
.
¿Cuál sería el significado de estos aconteci-
mientos si miramos la historia reciente de ambos
países, su deriva actual? ¿Qué supone que donde un
día (no muy lejano) los militares –con ayuda de
sectores civiles– desataron una brutal represión con
el fin de que no quedara rastro de marxistas, comu-
nistas, subversivos y sucedáneos, hoy ejerzan el Go-
bierno aquellos mismos que en su momento fueron
objeto de persecución y aniquilamiento a cualquier
precio, que además asumen sin tapujos la represen-
tación (e incluso la reivindicación) de los que no
sobrevivieron a la represión?
Estos interrogantes entrecruzan el pantanoso
terreno de las luchas por la memoria
2
con la escritu-
ra de la historia y el discurrir de los acontecimientos
presentes. Porque si, en general, podría decirse que
ambos gobiernos (en Argentina y Uruguay) han
estabilizado la situación de sus respectivos países, gra-
vemente afectados después de la profundísima cri-
sis que desató el “corralito” en Argentina en 2001
3
y se propagó con efectos igualmente devastadores al
Uruguay (con pérdida de ahorros, caída en picado
de la actividad económica, explosión del desempleo
y resquebrajamiento de referentes simbólicos bási-
cos), esto ni mucho menos clausuró las luchas por
la memoria de lo que había ocurrido; por el con-
trario, los debates se multiplican y se mezclan con
las políticas hacia el pasado de los propios gobier-
nos concernidos.
Por ejemplo, para algunos sectores es intolera-
ble la presencia de ex guerrilleros en el parlamento
uruguayo, incluso en algún ministerio, o el encar-
celamiento del ex presidente Bordaberry. En la otra
orilla, muchos se niegan a admitir que el Estado
argentino, de la mano del liderazgo de Néstor
Kirchner, se planteara indemnizar a los exiliados de
la dictadura, puesto que muchos de los potenciales
beneficiarios pretendían destruir el mismo estado
del que ahora reclaman reparación.
Los gobiernos de Kirchner (ahora sucedido
*
Este artículo se inscribe en el Proyecto de Investigación Historia comparada de las transiciones a la democracia: España,
Argentina y Uruguay (1968-1990), financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia (HUM 2007-65645).
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Profesor Titular de Historia de América de la Universidad de Salamanca. E-mail: mira@usal.es .
1
Vid. Moreira, Constanza, Final de juego. Del bipartidismo tradicional al triunfo de la izquierda en Uruguay. Montevideo,
Trilce, 2004, 10 para Uruguay, y para Argentina: Graham-Yooll, Andrew, Tiempo de tragedias y esperanzas. Cronología histó-
rica 1955-2005. De Perón a Kirchner. Buenos Aires, Ed. Lumiere, 653.
2
Tomamos este concepto de Jelin, Elizabeth, Los trabajos de la memoria. Madrid, Siglo XXI, 2002, 39-47.
3
Una descripción minuciosa de la crisis en: Jozami, Ángel, Argentina, la destrucción de una nación. Buenos Aires, Mondadori,
2003, 25-49.
RHA, Vol. 5, Núm. 5 (2007), 149-158 ISSN 1697-3305
© 2007 Revista de Historia Actual
LAS MEMORIAS POLÉMICAS SOBRE LA
IZQUIERDA (REVOLUCIONARIA) Y SU PAPEL
EN LOS PROCESOS DE CONSTRUCCIÓN
DEMOCRÁTICA EN ARGENTINA Y URUGUAY
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Guillermo Mira Delli-Zotti
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Recibido: 4 Junio 2007 / Revisado: 1 Septiembre 2007 / Aceptado: 20 Septiembre 2007