Mallorquín, C. 2000. La imaginación de una utopía realista Cinta moebio 7: 6-17 www.moebio.uchile.cl/07/mallorquin.htm 6 La Imaginación de una Utopía Realista. El pluralismo político Carlos Mallorquín. Doctor en Estudios Latinoamericanos. UNAM. Master en Sociología. Universidad de Londres. Profesor del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades. Universidad Autónoma de Puebla. México. Es preciso que, por fin, todo esto cambie. Es preciso tener por norma: más vale poco en cantidad, pero bueno en calidad. Es preciso seguir la regla: más vale esperar dos incluso tres años, que apresurarse, sin ninguna esperanza de conseguir un buen material humano. Lenin (1) En este ensayo inicio con un breve esbozo del pluralismo político inglés de comienzos de siglo, subrayo algunas de sus vetas inexploradas como posible sustento y ejercicio para reflexionar sobre las reformas sociales que tanto requieren los países latinoamericanos. Subsecuentemente, en la segunda parte, presento una de las propuestas políticas pluralistas actuales más elaboradas y cuyo sustrato teórico está, sin duda alguna, en deuda con los teóricos del pluralismo discutidos inicialmente. A comienzos de siglo surgió una concepción sobre el Estado y la sociedad que si bien fue derrotada políticamente por la aparición del Estado de masas y el "Welfare State", teóricamente contiene muchos méritos que hoy pueden sernos útiles para proponer reformas a nuestras sociedades y Estados, que después del apogeo del neoliberalismo, han quedado huérfanas de ideas políticas claras para incorporar la diversidad política e intercultural de los agentes que buscan su reconocimiento (2). Hablo del pluralismo político elaborado por G. D. H. Cole, J. N. Figgis y H. J. Laski (3), entre otros, que surge en el contexto económico y social europeo donde el Estado nacional logró afianzarse ampliando su participación en diversos ámbitos tanto administrativos como políticos. Amplios espacios de la salud y de administración locales, y cuyas tareas en ocasiones se realizaban a través, y con el apoyo de entidades sociales de carácter voluntario o caritativas, estaban en franco retroceso, y cedían ante los avances de una administración central. El pluralismo político (el inglés en particular), puede explicarse como una reacción a la incómoda expansión de los tentáculos administrativos de la organización del Estado y su visión universal del orden social y del "bienestar", tanto en términos social-políticos como en materia de salubridad nacional. Si bien comparte con el liberalismo decimonónico su profunda sospecha del Estado omnipotente, adquiere su reputación como una vital Utopía libertaria para nuestros días debido a su ideario político específico que como veremos va más allá del "individualismo" ahistórico del liberalismo. El pluralismo en cuestión, poco tiene que ver con el "pluralismo" norteamericano (R. Dahl y otros) y que solo lo mencionaremos de paso más adelante. Reniega sistemáticamente del "individualismo" en sus versiones liberales, y por tanto, de gran parte del corpus conceptual de la teoría política clásica desde T. Hobbes en adelante. De hecho, construye su noción de lo político y de lo social a partir de una ontología sociológica relativamente pragmática, aparentemente ateórica, pero cuyos principios se nutren de una devastadora crítica al pensamiento político contractualista o iusnaturalista, o sea, nada menos que a la base de los principios del pensamiento occidental que otorgan, desafortunadamente, vida a nuestras nociones sobre la "soberanía", "ciudadanos", "derechos", "orden", "constitución", etcétera. Estudiosos por cuenta propia de la historia y de sus ideas, Figgs, Cole, y Laski (4), no dejan de invocar, o mencionar la monumental obra del alemán Otto von Gierke (5), el historiador de las ideas jurídicas y políticas de occidente. Gierke demuestra a su manera la inoperancia y contradictoria postulación de la "sociedad" como producto de un contrato o arreglo entre individuos "asociales" en la "naturaleza", o sin lazos sociales previos. Por ejemplo, desde la