PREFACIO Imperecedera y necesaria insolencia En la historia de la humanidad pueden hallarse muestras de insolencia feme- nina en todas las épocas. Conocido es el caso de la poeta griega Safo de Miti- lene, altiva, dominante, segura de sí misma, que despreciaba a las mujeres de su tiempo porque se dedicaban a lucir sus riquezas y hermosura sin otras inquie- tudes ni aspiraciones. A ellas les dedicó estas palabras en una de sus compo- siciones: «Muerta, serás completamente sepultada; ninguna memoria quedará de ti, y la posteridad ignorará tu nombre; pues no tienes tu parte de las rosas de Pieria. Andarás sin gloria por las mansiones de Hades, vagando entre las sombras de los muertos más oscuros» (Historia de la literatura griega. Pierron, 1861). Esta vehemencia que manifesta ante la pasividad, la resignación y la pusilanimidad hacía de la de Lesbos una fgura discordante, insolente; defendía que las mujeres debían ser más que una simple anécdota, sobre todo, para ser recordadas por las generaciones futuras, única forma de superar la muerte. En el mundo hispano se encuentran antiguos testimonios en este sentido, por ejemplo, recuérdese el caso de la poeta, novelista y dramaturga madrileña, María de Zayas y Sotomayor (1590 sup. – 1647 pos.), y la defensa que hizo sobre la intelectualidad femenina en sus Novelas ejemplares y amorosas (1637): Si esta materia de que nos componemos los hombres y las mujeres, ya sea una trabazón de fuego y barro, o ya una masa de espíritus y terrones, no tiene más nobleza en ellos que en nosotras, si es una misma la sangre, los sentidos, las potencias y los órganos por donde se obran sus efectos, son unos mismos; la misma alma que ellos, porque las almas ni son hombres ni mujeres: ¿qué razón hay para que ellos sean sabios y presu- man que nosotras no podemos serlo? O el de la mexicana Juana Inés de Asbaje, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz (1648–1695), la gran poeta de la cultura hispana, que hablaba así de los hombres que consideraban a las mujeres seres inútiles para la sociedad, priva- dos de cualidades para el entendimiento y la creatividad, en su célebre poema «Hombres necios»: «Hombres necios que acusáis / a la mujer sin razón, / sin ver que sois la ocasión / de lo mismo que culpáis». Las subversivas palabras de sor Juana Inés iban en la dirección de denunciar que las mujeres eran víctimas del dominio que los hombres habían ejercido sobre ellas a lo largo del tiempo, por lo que, ante cualquier sospecha de mala conducta o ineptitud, la respon- sabilidad habría que buscarla en ellos, que no habían permitido que tuviesen