CRISTO ATADO A LA COLUMNA DE SANTA MARÍA DE UTRERA. HISTORIA MATERIAL PEDRO M. MARTÍNEZ LARA Universidad de Sevilla Parte esencial de la obra de arte es su historia material. Entendida esta como el conjunto de sucesos acontecidos sobre la realidad tangible de la misma a lo largo de su existencia. En efecto, transformaciones en la integridad física, la ubicación, apa- riencia, aspecto o uso, van modelando la obra de arte más allá de las manos de su ar- tista creador, de modo que a lo largo de su historia puede ser recibida, comprendida o interpretada de forma diversa a como fue concebida en origen. En consecuencia, co- nocer este aspecto de una obra de arte resulta crucial para optimizar su comprensión y lectura. Se trata del resultado de una desinencia histórica que, como en un proceso acumulativo por sedimentación, configura la realidad física de cada pieza. Esta tarea de reconstrucción de la historia material puede tornarse especialmente compleja en el caso de piezas que por su naturaleza o propiedad no ha existido la necesidad o el interés de hacer constar los procesos que las han ido alterando. Antes al contrario, en muchas ocasiones la ausencia de información es intencionada. Este fenómeno es también frecuente dentro del ámbito de las hermandades y cofra- días, donde tradicionalmente los usos artísticos incluían procedimientos de lo que hoy se denominaría conservación y restauración de los objetos para el ornato y el culto, inclu- yendo las imágenes. Al estar considerados estos trabajos como meras tareas de mante- nimiento, en modo alguno se registraba ni en el alcance ni en la responsabilidad directa de las mismas. Es por eso que en muchas ocasiones, ante el vacío documental son la fotografía histórica -hasta donde esta alcanza- y otros medios indirectos o pruebas físicas que se practican sobre las imágenes, las que proporcionan una información certera. Con el tiempo, un cambio precisamente en los usos desarrolló un particular celo por parte de las corporaciones en todo lo tocante a cualquier intervención sobre sus imágenes ti- tulares, teniendo esto como consecuencia la frecuente ausencia de datos 1 . Actualmente, aunque se mantiene un esmero superlativo sobre todo lo concerniente a las imágenes, existe la conciencia de encomendar estas tareas a profesionales de la conservación y res- tauración, quienes registran y dejan constancia de los procesos a los que son sometidas. 1 Agradezco particularmente las referencias, fotografías y testimonios aportados por Antonio Cabrera Rodríguez, quien me animó a redactar estas líneas, para lo que ha suministrado buena parte de las fuentes documentales que han sido empleadas en su redacción.