54 Cuadernos de Pedagogía / N. 0 281 / Junio U no de los objetivos de la clase de Ciencias es enseñar a hablar y escribir ciencias, porque para aprender esta materia los alumnos deben poder expresarse en clase, oralmen- te, por escrito o mediante dibujos, dado que sólo así podrán contrastar sus ideas y desarrollarlas. En efecto, las ciencias, y la misma clase, se desarrollan gracias a la autorregulación de las propias ideas, que tiene lugar a su vez a través del diálogo y de la co- municación escrita. Cuando las personas han de utilizar el lenguaje para comunicar algo, se enfren- tan al reto de hacerlo de manera coherente, y ello les obliga a revisar y ajustar tanto las ideas como las mismas formas de expresarlas. Se puede afirmar, pues, que no hay ciencia ni aprendizaje sin expre- sión escrita o sin comunicación entre las personas, es decir: sin diálogo. El lenguaje oral, la exposición, la discusión, la conversación... son procesos interactivos, van y vie- nen como una onda, y al utilizarlos para interpretar los fenómenos, van modificando su significado ini- cial a medida que se aplican a nuevas experiencias, a nuevos problemas. Sin embargo, «las palabras se las lleva el viento», por lo que es necesario escribir y, con ello, estructurar las ideas, ilustrarlas con gráfi- cos, recordarlas, evaluarlas, justificarlas, comparar- las... Con todo ello se construyen las expresiones que tipifican determinados procesos (como cuando escribimos que los ácidos y las bases se neutralizan), y se inventan términos para las nuevas entidades (la neutralización, o los átomos y electrones...). Aprender el lenguaje de la ciencia Tal como indica Lemke (1997), aprender a hablar ciencia es un proceso similar al del aprendizaje de cualquier lengua extranjera. En el entorno social ha- bitual las personas aprendemos a hablar el lenguaje cotidiano, y sólo en la escuela se nos enseña habi- tualmente a hablar y escribir en lenguaje científico. Una característica de este tipo de lenguaje es el vo- cabulario específico que posee. Por ejemplo, se ha demostrado que normalmente se aprenden más pa- labras nuevas en una clase de Biología de Secundaria que en una de Inglés del mismo curso. Sin embargo, es sabido que aprender léxico específico no resulta excesivamente difícil, si se conoce su significado. Los alumnos incluso agradecen la adquisición del nuevo vocabulario, porque sintetizan ideas y ello les posibilita, además, el poder comunicar algo sin tener que escribir mucho. Así, al escribir o hablar de la «suspensión» se les evita tener que especificar que se trata de una «mezcla heterogénea en la que una de las fases es sólida y se encuentra dispersa de forma prác- ticamente homogénea en la fase líquida». Sin em- bargo, tal como hemos indicado, no tiene ningún sentido aprender nuevo vocabulario si no se ha construido anteriormente su significado. Al lengua- je simbólico y formal se llega al final del proceso de apropiación de un concepto o idea, en el momento TM Hablar y escribir Una condición necesaria para aprender ciencias Neus Sanmartí, Mercè Izquierdo y Pilar García* El reto actual de la clase de Ciencias no es tanto transmitir información como enseñar a utilizarla, a establecer relaciones entre informaciones aparentemente dispares y, muy especialmente, a comunicar nuestras ideas e interpretar las expresadas por los demás. Este artículo sostiene la idea de que enseñar a hablar y escribir ciencia ha de ser uno de los objetivos prioritarios de las clases, para que muchas más personas accedan a esta forma de conocimiento. Enseñar a hablar y escribir ciencia es un objetivo prioritario en la clase. GUILLEM HUERTAS. Ciencias, Lenguaje, práctica pedagógica