3 PASAJES 60, 2020, pp. 3-9 LA LEYENDA NEGRA HOY, ENTRE HISTORIA Y POLÍTICA La Leyenda Negra hoy, entre historia y política Antoni Furió antoni.furio@uv.es La Leyenda Negra ha sido y sigue siendo el pretexto perfecto para que la sociedad española, y de manera particular sus elites políticas e intelectuales, renuncie a proyectar una mirada crítica sobre su propio pasado, ese pasado –próximo o re- moto– del que se siente a la vez producto y continuación. Cualquier observación crítica es rechazada al punto como un ataque a España y sus autores acusados de antiespañoles o, siendo ellos mismos españoles, de «españoles renegados». Tal es el calificativo que aplica María Elvira Roca Barea, en su libro Imperiofobia y Leyenda Negra, publicado en 2016, a los enemigos interiores de España, desde Bartolomé de las Casas y los críticos con la destrucción de las Indias en el siglo XVI a los arbitristas en el XVII, los ilustrados y afrancesados en el XVIII y principios del XIX, los krausistas a finales del Ochocientos y los republicanos y progresistas en el XX. Porque si la crítica exterior resulta ya, por infundada, injusta e intole- rable, vejatoria, la interior es además desleal y felona, antipatriótica. Rechaza así, con solo un adjetivo, el de «renegados», como con un plumazo, toda una noble y notable tradición crítica de más de quinientos años –si nos remontamos a Fadrique Furió y Ceriol y los erasmistas españoles– de pensadores y políticos preocupados por los «males» del país –desde el atraso económico y las desigual- dades sociales al oscurantismo religioso y la cerrazón ideológica– y comprometi- dos en hallarles una solución. Todos los países –y esto no es ninguna excusa– tienen zonas oscuras en su pasado de las que avergonzarse. Lo estamos viendo estos días, con las manifesta- ciones que han seguido en todo el mundo a la muerte de George Floyd a manos de la policía de Mineápolis, en Estados Unidos, y que ha puesto de relieve una vez más lo poco que importan todavía las vidas de los negros en un país en el que la segregación racial ha estado vigente hasta hace solo cincuenta o sesen- ta años. Manifestaciones a las que se han unido también otros grupos étnicos como los hispanos y los nativos americanos, descontentos con la discrimina- ción que siguen sufriendo, y que han desembocado a su vez en la demanda de una revisión crítica del propio pasado que baje de sus pedestales a los generales