Letras Hispanas, Volume 4, Issue 2 Fall 2007 73 Los agujeros de la percepción: creación esquizofrénica en Lucía y el sexo de Julio Medem Rebeca Maseda (Independent Researcher) Shawn Stein (Washington College) Lorenzo: Estoy en un agujero. Yo lo he intentado pero no sé volver. Me he perdido para siempre. Lucía: Bueno, pues pido unos días libres y nos vamos por ahí. A tu isla. Y así me la enseñas ¿qué te parece? […] Lorenzo: No quiero ir a esa isla. Lucía: No te entiendo Lorenzo. Tú siempre has querido volver. Ese es el motivo de que estés tan mal. Es por algo que te pasó allí ¿verdad? Con esta oscura conversación comienza Lucía y el sexo (2001), quinto largometraje del director vasco Julio Medem. Lucía (Paz Vega) asocia repentinamente el malestar de Lorenzo (Tristán Ulloa) y su negativa a volver a la isla a algo que le pasó allí, a pesar de que las palabras de Lucía sugieren que hasta ese momento ella sólo había oído elogios. ¿Cuándo ha podido pasarle algo negativo a Lorenzo allí si siempre había querido volver? ¿Qué nos hemos perdido los espectadores? Una lectura más atenta revela que, lo que quiera que le haya podido suceder, no pertenece a un plano de realidad empírica y tampoco obedece a sus reglas. En nuestro análisis cinematográfico destacamos la isla y el agujero como principios constitutivos primordiales de la estructura y la narrativa. En los episodios que tienen lugar en la mencionada isla, tanto el modo en el que están filmados como el sinsentido de sus acontecimientos, plantean una fuerte duda acerca de la existencia real o imaginaria de lo sucedido. Esta isla no tiene nombre. Personajes como Pepe (el editor de Lorenzo, interpretado por Javier Cámara) o Lucía se refieren a ella como “tu isla”. En ella se enlazan y desenlazan las diferentes historias de la película, tanto las del mundo de carne y hueso al que pertenece Lorenzo como las de la novela que éste está escribiendo. La utilización de la isla por parte de Medem rememora otras islas cinematográficas donde los artistas se enfrentan a los fantasmas de la sequía creativa, como las de Vargtimmen (La hora del lobo, 1968) de Ingman Bergman y de Prospero´s Book (El libro de Próspero, 1991) de Peter Greenaway. Entre las diferentes metáforas asociadas a los agujeros en Lucía y el sexo destaca aquélla que le sirve a Medem, y por extensión a su protagonista, de instrumento retórico para conectar las historias, como el mismo Lorenzo explica en varias ocasiones. Algunos de los personajes caen literalmente en agujeros que les conducen a otros espacios físicos y temporales. Las transiciones entre historias, a través de la fórmula del agujero (espacio-temporal), nos dan la clave para interpretar este relato. Asimismo, con las conversaciones de Lorenzo con Elena y Lucía referentes a su propia escritura, se ofrece al espectador un guiño metaficticio acerca de esta técnica. No obstante, estas declaraciones no constituyen, necesariamente, una guía para comprender la película e incluso podrían conducir a una perplejidad mayor. Otro significado asociado al agujero es la manifestación de la desesperación que siente Lorenzo ante su situación actual. El profundo ensimismamiento con su fruto creativo