A Parte Rei 48. Noviembre 2006 http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei/ 1 En los límites de lo indecible. Representación artística y catástrofe. José Antonio Fernández López La prescripción de Adorno. En 1949, el mismo año que retorna a Alemania para enseñar temporalmente en la Universidad de Frankfurt, Adorno escribe su ensayo Kulturkritik und Gesellschaft. Publicado en 1951, es reeditado en 1955, en Prismas. El ensayo es producto de una inmersión por parte del autor en el variado repertorio de articulaciones de la Kultur centroeuropea, en la que se manifiesta el anquilosamiento de la comprensión burguesa del sentido y significado de cultura 1 . Adorno afronta la interpretación de la transformación del sentido del término “cultura” y del “fenómeno de la cultura” en la sociedad tras el fascismo y la Shoá. Comienza ya entonces a tomar cuerpo la percepción de que el holocausto, simbolizado en Auschwitz, es un acontecimiento cuya transcendencia concierne a figuras del espíritu fundamentales en la comprensión que Occidente tiene de sí mismo. Auschwitz como un fenómeno que exige ser pensado y ubicado en nuestra cultura, esa “singularidad de Auschwitz”, que lo convierte en una de las áreas de reflexión histórico-filosóficas más importantes y fecundas del pensamiento contemporáneo, a la vez que un reto, sujeto a una incesante significación crítica. Con algún matiz. Si bien es cierto que “esa sociedad” puede comprenderse desde una perspectiva genéricamente “occidental” y que, indudablemente, el holocausto es un fracaso de la racionalidad de Occidente, es también cierto que, por encima de todo, se trata de una sociedad y una cultura “alemana”, por aquel entonces inmersa en un proceso de auto-reivindicación en medio del asombroso desarrollo económico de los años 1955-1960, donde era premisa común mirar más hacia adelante que al pasado inmediato no asumido. Es por ello que, la reducción aforística que desemboca en el famoso y socorrido “escribir un poema después de Auschwitz es un acto de barbarie”, debe ser tomada con prevención -al margen de la obvia prevención ante cualquier tipo de literalidad prescriptiva-. Un reduccionismo esteticista parece pretender impedir la interpretación, perturbando el sentido y poniendo en boca de Adorno la “imposibilidad de toda poesía tras Auschwitz”, obviando el sentido de análisis crítico con respecto a la situación en la que el genocidio nazi ha dejado a toda expresión y vivencia cultural: “Quien defienda la conservación de la cultura radicalmente culpable y mezquina se convierte en cómplice, mientras que quien rechaza la cultura promueve directamente la barbarie que reveló ser la cultura” 2 . Adorno insiste en la idea de que una cultura resucitada tras Auschwitz es una farsa, lo cual no le impide afirmar que un mundo que ha superado la prueba del genocidio, aunque sólo sea porque ha sobrevivido físicamente, no puede prescindir del arte, un arte, eso sí, ya diferente, obligado al memento de los caídos y a hacerse eco del horror 3 . En este sentido, en la certidumbre de que tras el exterminio de millones de seres humanos la cultura sólo puede ser la expresión de una experiencia dialéctica negativa, el “reflejo estético de una herida que 1 L. OLSCHNER, “Kulturkritik und Gesellschaft”, en S. L. GILMAN-J. ZIPES, Yale Companion to Jewish Writing and Thought in German Culture, New Haven 1997, p 691 2 T. W. ADORNO, Dialéctica negativa, Madrid 1984, p. 367 3 T. W. ADORNO, Les fameuses années vingt, en Modeles critiques, Paris 1984, p. 54. La referencia está tomada de E. TRAVERSO, La historia desgarrada, Barcelona 2001, p. 133