S ÓPERAS FEMINISTAS DE GERTRUDE STEIN Eulalia Piñero Gil UniversidadAutónoma de Madrid ((Einstein ha sido la mente filosófica más creativa del siglo y yo he sido la mente literaria más creativa del siglo ...N Autobiografía de todo el mundo. (Everybody's Autobiography) (7 926) ertrude Stein fue una de las artistas más europeas que tuvo Estados Unidos, pero a más profundamente norteamericana y así lo hizo patente cuando se despidió de sus compatriotas en 1935, tras una exitosa gira de conferencias por su tierra natal: «Los Esta- dos Unidos es mi país y París es mi hogar». Esta frase era el emotivo epílogo de un viaje de encuentro con la academia y de estrenos teatrales en el que cosechó éxitos memorables y el reconocimiento del público a su papel de gran figura literaria y artística. No cabe duda de que este pensamiento expresaba diáfanamente la dicotomia vital que marcó el devenir artístico e intelectual de esta controvertida escritora modernista estadounidense. Nacida en Allegheny, estado de Pennsylvania, una fría y nevada mañana del 3 de fe- brero de 1874, Gertrude fue la pequeña de los cinco vástagos de la acomodada familia iudía tein-Keyser, de origen bávaro. La cualidad fisiológica más llamativa de esta singular estirpe ra una robustez que, en parte, tenía que ver con la gran afición de todos sus miembros a la uena mesa. De hecho, Gertrude fue siempre una mujer de una presencia física muy volu- inosa que, además, con el paso de los años se fue consolidando con una rotundidad que roporcionó no pocas criticas, pero también un atractivo irresistible. No en balde, esa cor- ncia unida a una personalidad desbordante, la convirtieron en modelo de los grandes ntores y fotógrafos de su época. Quizás el cuadro más famoso de la escritora es el que le 120 SU lntimo amigo Pablo Picasso en 1906 y que presidió siempre el salón del apartamento arisino de la Rue de Fleurus, donde se reunía la flor y nata de las vanguardias artísticas uropeas y'los escritores e.stadounidenses de la primera mitad del siglo XX. Aquel apartamento, imbolo de la intelectualidad exiliada, era una especie de sancta sanctorum en Europa para S artistas del otro lado del Atlántico, pero, además, era el hogar ideal de la escritora y de u compañera Alice B. Toklas. Alli compartieron abiertamente su relación de pareja, sus in-