Tà sémata: para una genealogía de la idea de categoría Fernando Santoro Universidade Federal do Rio de Janeiro Fundação Biblioteca Nacional Parménides es una realidad histórica fundamental, la filosofía no existiría tal como existe para nosotros si no existiera el ser de Parménides y sus hijos metafísicos y parricidas, Platón y Aristóteles. Somos, queramos o no, un legado de sus decisiones. Pero a mí me interesan menos las motivaciones que expresó Parménides, que las decisiones que, a pesar suyo, adquirió el lenguaje en su texto. No las decisiones que sabiamente tomó, sino las decisiones que, sin saber si las tomaba o no, aparecen en sus palabras venerables y, especialmente, en su sintaxis, verdaderamente terrible. Además, aun a riesgo de parecer un intruso en este encuentro, confieso que mi mirada exótica pretende, más que las afirmaciones y suposiciones sabias de un filósofo, ver las felices creaciones de un insólito poeta, aunque se trate de un poeta que poetizó la filosofía misma. Es precisamente este poeta de un género muy especial llamado "filosofía" el Parménides que me apasiona y me consume. No el Parménides de las imponentes alegorías, tales como sus yeguas, carros y detallados portales, sino el Parménides propiamente categórico, sin imágenes, sin alegorías, el Parménides que expone divinamente la mas desnuda verdad del ser, el Parménides de los signos conceptuales del clarísimo fragmento ocho, que presenta de manera absolutamente desmitificada su tesis ontológica de la unidad y de la inmovilidad del ser. A continuación me permitiré presentar brevemente mis posiciones de principio y mi punto de vista genealógico, que van a orientar la presente lectura de dicho fragmento que, como todos saben, contiene majestuoso el corazón intrépido de la verdad persuasiva. Creo que el lenguaje es un organismo vivo, con procesos autónomos, y que se produce a si mismo gracias a nosotros, sus huéspedes humanos. Ésta es la razón por la cual no cuestiono, ni me interesa conocerlas, las intenciones, por más explicitas que sean, de nuestro filósofo. Lo que me interesa es la postura de su poema como un hecho -y un efecto- del lenguaje y como un pensamiento en la historia de las letras y del acerbo de nuestra tradición. El Poema de Parménides es, sin duda, uno de los hechos más creativos y originarios de esta tradición, desde el momento en que crea la ciencia filosófica del ser, la ontología; y también desde el momento en que crea el objeto de la misma, su método, su semántica y su sintaxis. Pero esta creación no es una creación a partir de la nada. No hay creación a partir de la nada. El ser, como se sabe, proviene de lo que ya es. Por esta razón, pretendo buscar lo que el Poema capta de lo que se concreta en los hechos documentados de la lengua griega y ver como son apropiados en su reformulación original hasta llegar a la formulación de un saber de la realidad que se expresa casi categorialmente, con signos conceptuales del ser. No pretendo llevar mis genealogías hasta el infinito; me contentaré con descubrir lo que está inmediatamente próximo, atrás y adelante, y que pueda aclarar la propia originalidad de los usos lingüísticos del poema. Mi hipótesis es que confluyen para la originalidad del lenguaje ontológico categorial determinadas figuras de lenguaje (skhemáta léxeon) vertidas por la épica sapiencial de Hesíodo y Homero, así como por otras figuras de lenguaje del campo discursivo de la veracidad, propias de la naciente retorica forense. Y todo esto, evidentemente, ya en la