TIEMPO MEMORIA Los sociólogos latinoamericanos tenemos una gran deuda con los autores que habitualmente denominamos “clásicos” de la disciplina. Hemos construido nuestras ideas acerca de muchísimos temas ( la socialización, la familia, la religión, el Estado, el poder y la dominación, entre otros), en gran medida abrevando en las obras de esos grandes pensadores. Sin embargo, muchos de nosotros nos pregun- tamos, en qué medida lo que ellos pensaban acerca de sus sociedades puede aplicarse sin más a las nuestras. En temas cruciales para nosotros, como los que tienen que ver con los procesos de modernización de nuestras sociedades, y las dificultades evidentes para construir es- tados democráticos de derecho, desarrollo económico con equidad, en libertad y justicia, el aporte que los grandes autores del pensamiento sociológico hicieron para construir la noción misma de modernidad, sus elementos constituti- vos y sus desafíos, puede sernos de extrema utilidad, pero a la vez, tiene que ser revisado y recuperado críticamente. La preocupación por definir rasgos distintivos de la modernidad, que fue una constante en los textos de los autores clásicos, permanece hasta ahora, aunque los con- tenidos de lo que se considera moderno varíen. Además, se tiene muy en cuenta que esos rasgos son tanto positivos como negativos: la modernidad tiene su “lado oscuro” o como dicen otros, la modernidad tiene sus “patologías”. 1 En la última década, los investigadores que se adscriben a la teoría de las modernidades múltiples, han tratado de elaborar un listado más o menos exhaustivo de rasgos que caracterizan a la modernidad occidental, para utilizarlos como medio de contraste para la comprensión de otras culturas y así explicar los escenarios de las modernida- Actualidad de Durkheim para la sociología latinoamericana Lidia Girola des alternativas realmente existentes. 2 Sostienen que los elementos distintivos de las sociedades occidentales son seleccionados, re-interpretados y reformulados cuando in- tentan implantarse en sociedades distintas de las originales, dando como resultado configuraciones heterogéneas. Una de las razones es que los marcos institucionales, culturales, políticos, económicos e incluso religiosos son diversos, y por lo tanto, si los puntos de partida son distintos, también lo serán los resultados. 3 Si tenemos esta discusión como marco para el debate acerca de las posibilidades presentes y futuras de Lati- noamérica para alcanzar un grado de desarrollo societal que garantice bienestar y justicia para sus habitantes, un objetivo que pocos dudarían en calificar de “moderno”, podemos entonces encarar el estudio acerca de las condicio- nes que los procesos de globalización económica y cultural imponen a ese desarrollo y cómo amplían o limitan esas posibilidades. ¿Qué tiene que ver la obra de Emile Durkheim, un sociólogo de fines del siglo XIX y comienzos del XX, con estos problemas, propios del XXI? Uno podría pensar que la diferencia de localización geográfica y la distinta época, o sea la distancia espacio temporal entre Durkheim y nosotros es tal, que implica forzosamente una gran distancia epistémica. Lo que me propongo debatir en esta presentación es preci- samente, la vigencia de muchas de las ideas durkheimianas para el análisis de la realidad latinoamericana; no porque las respuestas que él dio sean válidas sin más para nosotros, pero sí porque las preguntas que formuló, y las tendencias que vislumbró en su momento, aún son de gran interés y pertinencia.