1 El sentido del sentido (Capítulo del libro Conciencia e Ignorancia: Teoría de la Ignorancia (I) (Spanish Edition) Edición Kindle . Amazon.es 2024 https://a.co/d/5XXM0e3 ) Agustín Galán Machío La poetisa americana Lousie Bogan afirmaba que “el misterio inicial que espera a cualquier viaje es el de como el viajero llegó en primer lugar al punto de partida (Lousie Bogan Journey Around My Room, citado en Krauss, 2012, p. 313)”. Alfa y Omega, Principio y Fin, Origen y Destino, son conceptos que pretenden establecer fronteras delimitadas entre dos partes de la realidad, pero cuando se aplican a la totalidad metafísica, como nos enseñó Kant, dejan de tener sentido (Krauss, 2012, p. 376). Lo mismo le ocurre a la propia palabra ‘sentido’. Y, sin embargo, no dejamos de preguntarnos por ‘el sentido’ e incluso de intuir, como hace San Agustín, que la experiencia interior de nuestra mente ya nos muestra de partida ese sentido; o como hace Heidegger, que no se parte del ‘yo’ sino de la experiencia y la percepción de ‘lo existente’; y que es a partir de ahí desde donde se ‘filosofa’. El comienzo del mundo que transciende el tiempo y el espacio también puede expresarse con la palabra origen (latín origo). Es precisamente el ‘origen’ no el comienzo temporal lo que nos intriga.” De dónde vengo yo y de dónde viene el mundo en que vivo y del cual vivo? ¿A dónde voy y a dónde va cuanto me rodea? ¿Qué significa esto? “Tales son las preguntas del hombre - nos dice Miguel de Unamuno (1968 , p. 32) - así que se liberta de la embrutecedora necesidad de tener que sustentarse materialmente. Y si miramos bien, veremos que bajo esas preguntas no hay tanto el deseo de conocer un porqué como el de conocer el para qué; no de la causa, sino de la finalidad". Es nuestro destino, que presumimos ligado a nuestro origen, lo que nos importa.” Por qué quiero saber de dónde vengo y a dónde voy, de dónde viene y a dónde va lo que me rodea, y qué significa todo esto?- continua Miguel de Unamuno (1968 , pp. 32,33) - Porque no quiero morirme del todo, y quiero saber si he de morirme o no definitivamente. Y si no muero, ¿qué será de mí?; y si muero, ya nada tiene sentido. Y hay tres soluciones: a) o sé que me muero del todo y entonces la desesperación irremediable, o b) sé que no muero del todo, y entonces la resignación, o c) no puedo saber ni una cosa ni otra cosa, y entonces la resignación en la desesperación o ésta en aquella, una resignación desesperada, o una desesperación resignada, y la lucha". Sin vivirlo trágicamente como hace Unamuno creo que podemos convivir con esa ignorancia sin necesidad de desesperarnos, incluso interrogándonos si el sentido por el que nos preguntamos es algo objetivo ¿Existe Dios fuera de la mente humana? ¿Hay un propósito inmanente a la existencia y no solo a la existencia del hombre? ¿Es lo existente libre de ser de una manera incompatible con la existencia de un sentido histórico de la vida humana? ¿Tiene una dirección, un significado, una explicación, una razón de ser, un fundamento, un destino, un sentido, una finalidad, un propósito que responda a una lógica transcendente al propio ser humano? ¿O puede deberse todo al azar? Estas son las cosas de las que Wittgenstein prefiere que no se hable y que son, sin duda, las más interesantes, es decir, las que más nos interesan. Esa curiosa necesidad de explicación y de sentido está presente en la cabeza de la gente de todas las civilizaciones y desde el principio ha sido, no sin razón, ampliamente utilizada por la religión como una prueba de la verdad de sus dogmas. Igual que la coherencia del mundo exterior y su racionalidad, contrastada, una y otra vez, con cada avance científico.