139 ¿Puede haber una belleza perversa? Confluyen en esta pregunta dos esencias: belleza y perversidad, las cuales remiten, de uno u otro modo, al orden transcendental, es decir, a dimensiones que atraviesan transversalmente todo lo real, y que, en última instancia, nos sitúan ante cuestiones de principio. La belleza, naturalmente, refiere a un transcendental primordial de la triada verum, bonum, pulchrum. La perversidad, no obstante, requiere una reflexión previa. En castellano, la ‘perversidad’, 1 esencialmente vinculada al mal moral, lleva o puede llevar asociadas o añadidas varias connotaciones. Así, a la condición de acción mala, por lo tanto libremente mala, se añade que el sujeto de ella además disfruta1, disfruta por hacer el mal, hace el mal con fruición 2 . Podría hacerse el mal por despecho, por cierta ignorancia, por vanidad…, 1 Del latín pervertō, arruinar, corromper, desviarse del camino (recto); verto, girar, volver la espalda; per podría ser una partícula enfática: dar un giro radical desviándose de lo co-rrecto, acentuada ruptura con la rectitud. 2 Es realmente admirable la maestría con la que la intérprete de Cleopatra (Leila Hyams) transmite en Freaks este gozo perverso con su rostro. ¿Belleza perversa? Víctor M. Tirado San Juan UNIVERSIDAD ECLESIÁSTICA SAN DÁMASO PONENCIA