Un cambio de régimen afectivo Roque Farrán (CIECS-UNC-Conicet) A raíz de ciertas muestras grandilocuentes de analfabetismo afectivo provenientes de algunas figuras ilustres de nuestro progresismo local, más acá de cualquier saber ideológico o político supuestos, se entiende a las claras por qué las posiciones de derecha avanzan tan fácilmente sobre el escenario así dispuesto. No son solo “discursos de odio” de los que se nutre lo peor, sino posiciones existenciales habilitadas por todas partes. No se trata solamente de dificultades personales para escuchar los afectos, para responder adecuadamente, sino de la instauración de un régimen afectivo que opera por derecha y por izquierda, desconociendo las cómodas clasificaciones. Lo individual y lo colectivo se entrelazan indistintamente cuando lo que gobierna son las pasiones desatadas y manipuladas algorítmicamente. Todo aquello que desde las racionalidades políticas o doctrinas ideológicas convencionales puede resultar incoherente en el neoliberalismo de ultraderecha, desde un entendimiento del régimen afectivo y las razones de los afectos que nos dominan, se vuelve perfectamente inteligible (Lordon, 2018; Farrán, 2021; Quintana, 2023). Incluso, y sobre todo, nuestras propias complicidades. El daño Hay condiciones materiales humanas, demasiado humanas, que habilitan el éxito de este modo de gobierno. Por ejemplo, todos debemos tener alguien a quien hemos perjudicado de alguna manera y nos detesta, abierta o solapadamente. Seamos más o menos honestos, correctos o convencidos de nuestro modo de proceder en la vida, lo sepamos o no. Nos importe o no. Los grandes malvados o villanos no existen, aquellos que hacen el mal por el mal mismo (el “mal radical”, según Kant). Estamos en medio de relaciones humanas y tomamos decisiones que, por acción u omisión, inevitablemente favorecen a unos y perjudican a otros. No es un problema de bondad moral, ni siquiera de corrección ideológica, sino de índole estructural, relacional, material. Es cierto que los sujetos interpelados por los discursos de derecha tienden a ponerse del lado de los más poderosos en la escala social y defienden las jerarquías instituidas, pero siempre lo pueden justificar -aunque sea a su conciencia moral- diciendo que es el mejor modo de favorecer al conjunto (la copa de la riqueza que derramará, la