15/06/2020 19:48h Usuario: jjfernandez Publicación: M16JUN20GRANADA Sección: Granada Página: 16 GRA-Ciencia abierta Edición: GRANADA GRANADA GRANADA GRANADA HOY | Martes 16 de Junio de 2020 ? E N un futuro no muy leja- no, cuando la pandemia forme parte de los episo- dios históricos singula- res, quizás estemos en disposición de analizar fríamente lo que aho- ra estamos viviendo en caliente. Por entonces seguramente hayan regresado a los medios de comu- nicación y a las conversaciones co- tidianas otros motivos diferentes al “tema” por antonomasia que llevamos padeciendo desde ini- cios de este año. Si nos apropiamos de esa jerga tan particular que los políticos nos han impuesto y que en el momen- to y lugar de escribir estas líneas denominan “desescalada-fase 3”, también atisbamos las profundas repercusiones que ese endemo- niado virus va a dejar en la socie- dad, de manera que las expresio- nes “antes de la guerra” y “des- pués de la guerra” que los más ve- teranos hicimos nuestras, para los más jóvenes seguramente se transformen en “antes del virus” y “después del virus”. A pesar de esos estragos tan pa- tentes, a los educadores en cien- cias se nos ha puesto en bandeja el poder visualizar entre nuestros alumnos las relaciones entre Ciencia, Tecnología y Sociedad, que sintetizamos con el acrónimo CTS. Este enfoque de enseñanza surge en los años 80 del pasado siglo auspiciado por asociaciones de profesores estadounidenses con el ánimo de hacer patentes dichas relaciones para, a la pos- tre, lograr ciudadanos alfabeti- zados científica y tecnológica- mente, capaces de tomar decisio- nes fundamentadas, participan- do activamente en debates socia- les y dotándose de un pensa- miento crítico. Subyaciendo a to- do ello se trata de hacer compati- ble la educación en valores con la educación científica y, por otra parte, tomar conciencia de la na- turaleza de la ciencia. Magna empresa me dirán ustedes. Desde entonces dicho movi- miento se fue extendiendo por el mundo, especialmente de in- fluencia anglosajona, apoyado fundamentalmente por proyec- tos curriculares e incorporando posteriormente al acrónimo CTS la A, de Ambiente, haciendo va- ler de esta forma las implicacio- nes ambientales de los conteni- dos abordados. También en Es- paña, aunque con cierto retraso, CTS tuvo buena acogida entre al- gunos colectivos del profesorado de Secundaria y Universidad, ca- tapultado por autores como Ace- vedo, Solbes o Vilches y la inicia- ción de un Seminario Iberoame- ricano CTS que aún sigue cele- brándose. Como hecho digno de reseñar, en el año 1993 se incor- poró la asignatura optativa CTS en el Bachillerato. Cuando tratamos de mostrar a nuestros futuros maestros y pro- fesores la potencialidad de este enfoque curricular, no les resulta fácil hacer explícitas dichas co- nexiones, en mi caso recurro a ejemplos como “¿quién contami- na más, un coche diésel o uno de gasolina?, “¿son mejores los ali- mentos ecológicos?” o “¿es efec- tiva la homeopatía?”. Estas situa- ciones podrían entrar en la cate- goría de las llamadas “controver- sias sociocientíficas”, entendidas como problemas sociales reales que se utilizan para promover la alfabetización científica funcio- nal y aumentar consiguiente- mente la comprensión de los es- tudiantes sobre el conocimiento científico. Pues bien, cabe pre- guntarse, ¿es la Covid-19 una controversia científica? Parece clara la respuesta, un sí rotundo. Veamos el porqué a partir de al- gunos de los indicadores que afectan a la triada CTS. La C de Ciencia. A pesar de su prestigio social, especialmente a costa del desprestigio entre am- plios sectores de la sociedad de otras instituciones como la polí- tica o la justicia, el coronavirus ha supuesto un serio aldabonazo a su supuesta capacidad de dar respuesta rápida y eficaz a los problemas de la Humanidad. Po- dría decirse, sin temor a equivo- carnos, que ha pillado a la comu- nidad científica con el paso cam- biado. La impresión en muchas ocasiones es que se ha aprendido por ensayo-error, nada más lejos de disponer de potentes teorías predictivas y explicativas. Y eso a pesar de la movilización de in- gentes cantidades de equipos científicos concentrados en “dar con la tecla” del coronavirus. Tampoco debemos minusvalorar la injerencia político-económica que ha acabado por contaminar el proceso. El resultado ha sido la escasez de tiempo para encontrar y validar una vacuna efectiva, la diversidad de tratamientos y en- foques para combatir los múlti- ples síntomas, las controvertidas medidas dirigidas a controlar los movimientos de la población, el balanceo entre salud y economía, etc. A ello habría que añadir los es- tudios serológicos, los modelos mate- máticos de estima- ción del alcance de la pandemia, el uso de los “big da- ta” para tratar de encontrar factores de influencia en la propagación... La T de Tecnolo- gía. También esta se ha visto impelida a un desafío sin pre- cedentes para tra- tar de responder a la urgente llamada de la pandemia. Hemos aprendido de respiradores, de EPI, de tipos de mascarillas y su uti- lidad, de sensores de temperatura, de impresoras 3D, de geles hidroalcó- licos, de artículos no homologa- dos, de conversión de espacios pa- ra hospitales de campaña... La S de Sociedad. Sus cimientos se han visto removidos por una crisis humanitaria y sanitaria sin precedentes. Ciudadanos confi- nados, azotados por un paro tem- poral o permanente, apartados fí- sica y emocionalmente de sus se- mejantes, en colas como las aso- ciadas a las remotas cartillas de razonamiento, aparición de ham- brunas, los mendigos aún más marginados, el temor a nuevos re- brotes anclado en las mentes, la fractura social y política alcanzan- do sus cotas máximas, etc. Todo un cocktail para convertir las cer- tidumbres en incertidumbres. Y, por último, consideraremos la A de ambiente. Si algún consen- so se ha producido entre científi- cos y ecologistas ha sido la respon- sabilidad humana en esta pande- mia por la grave alteración de los ecosistemas, que han cercado pe- ligrosamente los hábitats tradi- cionales, aproximándolos al ser humano y provocando con ello enfermedades zoonóticas como la Covid-19. Espero que estas evidencias me permitan en un futuro próximo, y sin grandes esfuerzos, lograr que mis alumnos comprendan el sig- nificado de CTS. F. JAVIER PERALES PALACIOS CIENCIA ABIERTA 5 ● Este enfoque de enseñanza surge en los años 80 del pasado siglo auspiciado por profesores estadounidenses Se trata de hacer compatible la educación en valores con la educación científica Ciencia-Tecnología-Sociedad y el coronavirus 1. Curva de casos durante el confinamiento por el coronavirus. 2. Libro ‘Ciencia, tecnología, sociedad y valores’, de Francisco Paoli Bolio. 3. Un respirador. 1 3 2