113 Domingo Villalobos Bobadilla, fundador de las colonias escolares (Chile, 1865-1909) Pablo Toro-Blanco Un niño, arrodillado en su asiento, nariz pegada al vidrio y cuerpo mecido por el ritmo del vagón, mira el paisaje a través de la venta- na del tren. No cambiará su posición durante todo el trayecto entre Santiago y Talca, absorto en todo eso que le resulta totalmente des- conocido. Es el verano de 1905 y se dirige, junto con una veintena de otros estudiantes de primaria, a conocer el mar. Forma parte de la primera Colonia Escolar realizada en Chile, en el —entonces— aris- tocrático balneario de Constitución, en la costa de la provincia del Maule. Recorriendo el vagón para supervisar que todo esté en orden, Domingo Villalobos, profesor normalista, lo observa durante un mo- mento, sonríe satisfecho y atesora esa imagen en su memoria para compartirla meses después, en el marco de una charla pública en el Ateneo de Santiago, en noviembre de ese mismo año, ocasión en que presentaría un balance de esta primera experiencia. La iniciativa de Villalobos de llevar a niños de escuelas precarias a la costa del Pacífico y brindarles una terapéutica estadía en un me- dio distinto al de sus hogares, lejos del ruido, la suciedad y el miasma capitalino, formó parte de un fenómeno de circulación planetaria de iniciativas semejantes. El cambio de siglo fue un período fértil para la preocupación higienista de educadores y médicos inquietos por