249 investigaciones sociales Vol.16 N°29, pp.249-253 [2012]UNMSM-IIHS. LIMA, PERÚ E n los últimos 50 años, gracias a los aportes de Eric J. Hobsbawm («El bandolero social» en Rebeldes primitivos, 1959: 27-47), como de sus seguidores y detractores tenemos las herra- mientas elementales como para una tipificación más adecuada de nuestro personaje. «El bandolerismo —nos dice Hobsbawm— es una forma primitiva de protesta social organizada. Y no porque quien se dedica a ella sea consciente de esta situación, sino porque ésa es la percepción que tienen los pobres, por la sencilla razón de que son protegidos por el bandolero o bandoleros o se sienten protegidos y por lo mismo lo consideran su defensor, lo idealizan y lo convierten en mito». Aun cuando el bandolero no es consciente de su rol, trata de vivir como un rebelde social: robar a los ricos para dárselos a los pobres. En casos extremos se ve forzado a medidas extremas, como matar, por defensa propia o por venganza. Ante la pobreza y la sumisión, el bandolero respon- de librándose de ella uniéndose y sirviendo al opresor o alzándose contra él; y tomando partido por los des- validos, los oprimidos, los campesinos, a imagen de lo que ocurrieron entre los siglos xv y xviii con los piratas y corsarios. A lo largo del tiempo de su existencia y desarrollo, la característica más notable o chocante del bandoleris- mo social es su notable uniformidad y la reiteración de sus formas y manifestaciones. De ahí que los bandoleros sociales se convierten en mitos, hasta ser encumbrados a la condición de héroes populares; cuando el pueblo hace desempeñar al ban- dolero el rol por encima, incluso, de la actuación real del bandolero, como ha ocurrido en el caso de Luis Pardo. Es decir, el pueblo le agrega otras cualidades le- gendarias y heroicas, a las que evidencia. La figura de Robin Hood o El Zorro, tan familiar a nosotros, se reproduce en otras épocas y latitudes con similar sinto- matología (es decir, la dicotomía protección-protesta). Ante la disyuntiva del pueblo de entregar o no a un bandolero a las autoridades, la población casi nun- ca ayuda a las autoridades a capturar al bandido, sino que le protege contra ellas; pero si se vuelve incómo- do puede ser traicionado, como ocurrió con Luis Par- do. Sin embargo, la justicia, la gendarmería —en este caso— reclama para sí o se encumbra el mérito de ha- berlo capturado o asesinado; y, por lo general, le llena de tiros cuando ya está muerto «El muerto después de muerto, como un bandolero por la policía», como nos dice Hobsbawm, citando a P. Bourde (p. 29). Luis Pardo el bandolero ¿Por qué un hombre de posición acomodada, con una educación formal y hogareña adecuada, como era el caso de Luis Pardo Novoa, se vuelve bandolero? La respuesta es indudablemente un tanto compleja y hay que analizar varios factores, como las característi- cas de su personalidad y trayectoria. En primer lugar, las desigualdades sociales impe- rantes en el medio, con campesinos de las comunida- des y otros pobres en sus condiciones materiales de Luis Pardo: de bandolero social a héroe popular Filomeno Zubieta Núñez Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión, Huacho <filomenozubieta@yahoo.es>