ABRIL 2012 Nº 344 • PADRES Y MAESTROS | 31 experiencias ● ▼ C omo sabemos, en la educación de los niños, las niñas o los ado- lescentes entran en juego múltiples influencias que provienen de diferentes contextos con los que interactúan y con los que, como agentes activos, mantienen una relación dialéctica capaz de modifi- carlos a su vez. Algunos contextos son especialmente evidentes y, en ellos, hay una clara y explícita intencionalidad educativa, como son la familia y la escuela, pero también hay otros que debemos tener muy presentes ya que ejercen igualmente una significativa influencia educativa sobre ellos, como el grupo de iguales, los medios de comunicación, los servicios de ocio y tiempo libre disponibles en el barrio o la ciudad en sí misma. Así, tomando como marco de referencia el bien conocido modelo ecoló- gico del desarrollo de Bronfenbrenner 1 , deberíamos considerar la influen- cia del microsistema (como es el caso de la familia, la escuela o el grupo de iguales), del exosistema (por ejemplo, los servicios y recursos existentes en el barrio, la familia extensa, el trabajo de los padres y madres) y del macro- sistema (como las condiciones socioeconómicas, los valores imperantes en el grupo social, etcétera). Pero, además de los anteriores, en el modelo mencionado se destaca la potencialidad de las interrelaciones entre los microsistemas, lo que configuraría el denominado mesosistema y que será, precisamente, en el que nos centraremos en este trabajo. Como trataremos de desarrollar más adelante y, de acuerdo con el citado modelo, la capacidad de un entorno como la familia o la escuela para funcionar de manera eficaz como contexto de desarrollo depende de la existencia y naturaleza de las interconexiones sociales entre los contextos. En este marco se entiende la idea de “educación comuni- taria” que, precisamente desde una perspectiva sistémica, destaca el rol educativo que tiene toda comunidad y pone, por tanto, de manifiesto la importancia de que todos los componentes de la misma contribuyan al desarrollo perso- nal y social de sus miembros (Martínez-González y Pérez- Herrero 2 ). Por ello, adoptar una perspectiva comunitaria 1 BRONFENBRENNER, U. (1979). The ecology of human development. Cam- bridge: Harvard University Press. 2 MARTÍNEZ-GONZÁLEZ, R. A., y PÉREZ-HERRERO, M. H. (2006). «Propuestas metodológicas para una educación de calidad a través de las relaciones entre centros docentes, familias y entidades comunitarias». En Cultura y Educación, 18 (3-4), pp. 231-246. la alianza ENTRE LAS FAMILIAS Y LA ESCUELA EN LA EDUCACIÓN DEL ALUMNADO MÁS VULNERABLE CECILIA SIMÓN Y GERARDO ECHEITA Universidad Autónoma de Madrid cecilia.simon@uam.es gerardo.echeita@uam.es El potencial evolutivo de la familia o la escuela aumenta cuando son capaces de trabajar juntos para lograr objetivos comunes relacionados con los niños y, por tanto, de emprender actividades que estimulen la confianza mutua. «La vida no es de nadie, todos somos la vida, pan de sol para los otros, los otros todos que nosotros somos». Octavio Paz MARCO DE ESTA ALIANZA Gerardo Echeita y Cecilia Simón.