1 Caricatura, monstruosidad y lucha de clases Miguel Orduña Carson, miguelordunacarson@yahoo.com.mx Alejandro de la Torre Hernández, adelatorre77@gmail.com I En la política moderna, ya lo decía Maquiavelo, la opinión del pueblo es sumamente importante para la conservación del poder. El poder no es sólo un acto de fuerza, implica también un trabajo de seducción y convencimiento. De este modo, en el juego político no sólo es necesario ejercer el poder sino elaborar una percepción favorable de él. Esta percepción positiva le da una fuerza inaudita, que nada tiene que ver con la ley, ni con la fuerza física. A este atributo del poder le llamamos legitimidad Toda sociedad, decían los antiguos contractualistas, requiere de alguien que realice las actividades vergonzosas: castigar a los que roban, a los que violan; obligar a que todos los integrantes de la comunidad asuman el mantenimiento del orden y la estabilidad. Alguien tiene que obligar al trabajo, promover la producción, administrar los recursos y garantizar el respeto a las jerarquías, alguien, finalmente, tiene que expulsar a los que han traicionado la confianza de la colectividad, a quienes violentan al contrato social. Estas tareas de regulación social implican un sacrificio por la comunidad, un sacrificio que se ve restituido con un poder que nadie más puede ejercer. Ellos encarnan la confianza social, y en esa medida no pueden extralimitarse. Pero entonces surgen las siguientes preguntas que tienen como centro la definición de justicia: ¿cuándo se debe de descansar y cuando trabajar?, ¿cómo se deben distribuir los recursos?, ¿cuándo se debe castigar a alguien?, ¿cómo se le debe castigar?, ¿hasta dónde debe llegar la autoridad? El sacrificio de aquellos que producen, de los que permiten la