1 ¿Cabe hablar de racionalidad intercultural? Opciones y límites de la crítica comparada Astrid Wagner (IFS‐CCHS‐CISC) La defensa de la diversidad cultural es un imperativo ético, inseparable del respeto de la dignidad de la persona huma‐ na. Ella supone el compromiso de respetar los derechos humanos y las libertades fundamentales, en particular los derechos de las personas que pertenecen a minorías y los pueblos autóctonos. Nadie puede invocar la diversidad cul‐ tural para vulnerar los derechos humanos garantizados por el derecho internacional, ni para limitar su alcance. (UNESCO, Declaración universal sobre la diversidad cultural, Artículo 4) 1. Introducción La pregunta de si cabe hablar de racionalidad intercultural tiene varias facetas. En la for‐ ma que presentaré se trata de un problema que —aunque no aparezca expresamente el término— ha surgido con el giro lingüístico emprendido por la filosofía occidental durante el siglo XX y que luego ha cobrado relieve en los debates entre planteamientos pluralistas, relativistas y universalistas sobre el impacto y la relevancia de la diversidad cultural. El tema de la racionalidad intercultural se plantea para mí en el marco de un proyecto de investigación sobre las condiciones y los límites de la justificación intercultural de valores y creencias, normas y reglas. Voy a presentar brevemente el enfoque del proyecto para precisar a la luz de este planteamiento el problema de la racionalidad intercultural. 2. Breve presentación del proyecto En la investigación proyectada (que me gustaría llevar a cabo dentro del proyecto que acaba de solicitar Paco y que está relacionado con los temas que he tratado durante los últimos años) se analizan las condiciones de la crítica intercultural partiendo de la posi‐ ción del pluralismo epistémico. Tal estudio epistemológico sirve de base para plantear la cuestión de si es posible encontrar normas transculturalmente válidas. El pluralismo epis‐ témico que defiendo sostiene que la experiencia humana está necesariamente condiciona‐ da por esquemas conceptuales, sistemas simbólicos y prácticas de interpretación, es decir, por factores culturalmente divergentes. Tal diversidad cultural se muestra tanto en el plano epistemológico como en el axiológico. Una respuesta común al pluralismo axiológico y a los conflictos culturales es el relativismo normativo, posición que, tras afirmar el igual valor de las culturas, no sólo niega la existencia de un código ético universal, sino también la legitimidad para juzgar conductas realizadas por personas con valores sustancialmente diferentes. De hecho, se puede demostrar que incluso los criterios de racionalidad depen‐ den de imágenes del mundo y formas de vida particulares. No obstante, argumentaré a