Michelini, D. et al. (2012), Ética del Discurso. Su significación para la filosofía práctica y el diálogo intercultural, Río Cuarto: Ediciones del ICALA, pp. 106-114 1 Democracia y pluralidad de formas de vida Gonzalo Scivoletto (CONICET) Introducción ¿Es cierto, como afirma Giovanni Sartori, que “el viento de la historia ha cambiado de dirección, y sopla en una sola: hacia la democracia”? (Sartori, 2003: 372). Por el momento todo parece indicar que así es. En todas partes, las masas se levantan para exigir ser incluidas en aquellos sistemas donde las decisiones son tomadas por algunos privilegiados desde los centros de poder (mercados, poder político, poder mediático). Aunque en apariencia se las incluya (por ejemplo, mediante mecanismos formales electorales, encuestas de consumidores y servicios de atención al cliente o espacios para comentarios en los medios digitales) en realidad, los asuntos de la cosa pública muchas veces no llegan a la esfera pública. Sin embargo, esta afirmación un tanto “romántica” de la democracia como “destino” puede resultar sospechosa en la medida que, podría pensarse, se comprenda a la democracia como un modo más de vida entre otros que se ha convertido (o eso se pretendería) en hegemónico. En este trabajo se intenta, entonces, analizar esta compleja relación entre “democracia” y “múltiples formas de vida”, desde el marco teórico de la ética del discurso de Kar-Otto Apel. Como punto de partida para una comprensión más clara del problema, podemos retomar las siguientes preguntas formuladas por Dieter Lohmar, que hemos abordado en otro lugar (Scivoletto, 2008): “¿Debe corresponder a una ética no ligada al mundo familiar también un estilo de vida unitario y una costumbre unitaria?”, esto es, “¿pueden ser admitidas diversas formas de ethos en el marco de una ética no ligada a un mundo familiar?” (Lohmar, 1995: 11). Respecto de la segunda pregunta, parece que una de las ventajas que presentan las sociedades democráticas modernas es que precisamente garantizarían la convivencia de las distintas formas de vida o “éticas sustanciales”. Pero, al mismo tiempo, la democracia no es (o no parece serlo) un mero marco formal de convivencia, sino que ella misma es una forma de vida y, por lo tanto, también entraña un núcleo de valores o prácticas sustanciales. Entonces, la primera pregunta (donde la caracterización proveniente de la fenomenología husserliana de la “ética no ligada al mundo familiar” puede ser interpretada en el sentido de una ética universal