El mito del carro alado del Fedro como vehículo de la filosoa María Angélica Fierro – Invesgadora Adjunta (CONICET – Argenna) msmariangelica @gmail.com www.academia.edu/MariaAngelicaFierro “En efecto, con respecto a tales cuesones es menester realizar una de estas cosas; o bien aprender [de otro] cómo son, o bien descubrirlas [por uno mismo]; o bien, si fuera imposible hacer esto, tomar la mejor y más irrefutable de las proposiciones humanas y afrontar el riesgo de navegar a través de la vida, dejándose llevar por ella como si fuera una balsa ( schedía), a menos que se pueda hacer el viaje en una forma más segura y menos riesgosa, sobre una embarcación (óchema) más firme, sobre alguna palabra divina” Phd. 85d No mucho empo después de su composición encontramos ya tesmonios de crícas literarias sobre el Fedro. Nos referimos a la afirmación del discípulo de Aristóteles, Dicearco, quien lo califica, además de como un escrito” juvenil” ( meirakiodés) por su temáca, como “vulgar”/”recargado” (phorkón) en razón de su abigarrada forma de composición. 1 La exuberancia de su repertorio temáco y eslísco sumada a su aparente falta de organicidad parecen jusficar ampliamente esta apreciación, en parcular en lo que se refiere al segundo discurso de Sócrates (Phdr. 243e-257a) y, más aún, al fabuloso mito del carro con corceles alados y auriga que ocupa la mayor parte de este largo parlamento. En efecto, a primera vista, solo en esta sección, se nos presenta una notable heterogeneidad de tópicos: la doctrina del alma triparta de la República, la concepción del éros del Banquete y del cuerpo como “tumba” o sêma del Fedón, la teoría de la anámnesis de este úlmo diálogo y el Menón, el método de división y reunión del Políco, referencias solapadas a la cosmología del Timeo e, incluso, una caracterización a grandes rasgos de las Ideas, a la guisa de la que se halla en diálogos de madurez como Banquete, Fedón y República. Todo ello, además, incluido dentro de una descripción de la naturaleza esencial del alma como inmortal y automotora, la cual se inserta a su vez en una caracterización de éros como uno de los cuatro pos de manía enviada por los dioses. Esta diversidad en el plano conceptual se exende a su vez al plano eslísco. El segundo discurso está estructurado de acuerdo a una ulización laxa del método de división y síntesis, según el cual éros resulta ser una especie de la clase manía. Pero, en su interior, se pasa del inicio del parlamento de Sócrates con esta clasificación a un argumento dialécco sobre la inmortalidad del alma que luego deriva en una analogía de ésta con un carro de corceles alados y auriga. A parr de ella se desarrolla la saga de las almas divinas y humanas -que sería propiamente el mito-, pero sin dejar por esto de sazonarla con reflexiones conceptuales sobre diversos tópicos y una fenomenología de rica imaginería del estado de enamoramiento. A estas consideraciones debe sumarse el hecho de que la primera parte del diálogo en su conjunto (Phdr. 230e-257a) –por otra parte, en desproporción, mucho más extensa que la segunda- contrasta con el carácter netamente dialécco de la segunda ( Phdr. 257b-279b). Con ello Platón 1 Y hay una historia de que en primer término él [i.e. Platón] escribió el Fedro. Pues la cuesón propuesta ene algo de juvenil. Pero Dicearco censura el eslo del escrito en su totalidad por ser recargado (phorkón)”. D.L, VFI, III, 38.