Ángel Gómez Moreno eHumanista: Volume 17, 2011 i Elogio de Maximiliaan Paul Adriaan Maria Kerkhof, romanista ejemplar, en su jubilación Ángel Gómez Moreno Universidad Complutense Por treinta años cabales de amistad 1- Vidas paralelas de un maestro y un aprendiz ¡Cómo ha pasado el tiempo, querido Maxim! Este sentimiento, que confirma que uno pertenece a la especie humana, no podía escapar a su doble destino: el primero, erigirse en uno de los tópicos primordiales de la retórica y las artes, con expresión en toda una retahíla de máximas (fugit irreparabile tempus, sic transit gloria mundi, ubi sunt qui ante nos in mundo fuere, etc.) y en imágenes sin cuento (basta el barroquísimo esqueleto con la clepsidra en la mano como paradigma de todas ellas); el segundo, aportar la materia básica a miriadas de pasajes, capítulos y textos literarios completos de cualquier época y cultura (entre títulos y más títulos, me quedo con las Coplas manriqueñas o con la plasmación del tiempo bergsoniano en numerosos poemas de Antonio Machado). La fugacidad de la existencia es una percepción individual que se nutre con los referentes que aporta la memoria, que en nuestro caso nos lleva hasta un lejano otoño de 1981: yo, recién licenciado y con 22 añitos; tú, con un formidable bagaje a tus 37 años (pues naciste el 26 de enero de 1944 en la ciudad holandesa de Goirle y en el seno de una familia católica). Contaré cómo se produjo el anhelado encuentro. Antes, habíamos tenido un comercio epistolar (que decían antaño los humanistas) breve pero intenso. Ignorante de que habías pasado a Nimega, te escribí a la Universidad de Groninga para pedirte un artículo inencontrable (pues ninguna biblioteca madrileña tenía el Portugiesische Forschungen der Görresgesellschaft), en el que fijas la data del Prohemio e carta al Condestable don Pedro de Portugal del Marqués de Santillana. Alguien tuvo la gentileza de hacerte llegar una misiva en la que, de paso, te manifestaba mi admiración por esas dos gemas filológicas (a día de hoy, raras y codiciadas piezas en el mercado del libro antiguo) que son tus ediciones de la Comedieta de Ponza y la Defunsión de don Enrique de Villena. A pesar de mi insignificancia, poco antes de vernos las caras en Madrid recibía un paquete con la separata del artículo y tus dos libros, cuya dedicatoria lleva fecha de 24 de noviembre de 1981. Tamaña atención con un simple estudiante que trabaja en su tesina pone de manifiesto tu grandeza humana y profesional, aunque nada permitía augurar lo que pasó al instante de conocernos: hubo química y nos hicimos amigos en toda la extensión del término; además, ambos aplicamos la propiedad transitiva y, con los lazos del afecto, alcanzamos a nuestras respectivas familias.