En la presente comunicación analizamos la participa- ción de los arquitectos religiosos en la traza y direc- ción de obras de ingeniería. * Este trabajo forma parte de la tesis doctoral Monjes y frailes arquitectos del siglo XVIII en Galicia: de fray Manuel de los Márti- res a fray Plácido Caamiña, y en él se reúnen y con- trastan bajo un nuevo enfoque la información aporta- da por los estudios sobre la historia de la ingeniería en España y nuevos datos extraídos de los principa- les fondos documentales gallegos, del Archivo Histó- rico Nacional y del Archivo de la Real Academia de San Fernando. Lo aquí expuesto es resultado de un intensivo vaciado de bibliotecas nacionales e interna- cionales, así como de los citados archivos. Desde la Antigüedad y hasta Época Moderna los arquitectos fueron unos profesionales polivalentes, dominadores en mayor o menor medida de todas las artes y ciencias relacionadas con la construcción. Durante siglos, arquitectura e ingeniería avanzaron de la mano debido a que muchos de los conocimien- tos teóricos y técnicos que necesitaban sus artífices eran comunes a ambas disciplinas: geometría, mate- máticas, cálculo, estereotomía, dibujo o astronomía. Las habilidades técnicas de los constructores también solían hacerlos aptos para afrontar obras de ingenie- ría como la construcción de puentes, fortificaciones, canalizaciones y puertos, u otros trabajos de hidráuli- ca. Esta universalidad quedó claramente reflejada en el tratado de arquitectura de Vitruvio —él mismo ar- quitecto e ingeniero militar—, para quien el arquitec- to debía ser: Instruido, hábil en el dibujo, competente en geometría, lector atento de los filósofos, entendido en el arte de la música, documentado en medicina, ilustrado en jurispru- dencia y perito en astrología y en los movimientos del cosmos. (Vitruvio [c. siglo I a.C.] 1995, 59) De ahí que en su tratado dedicase los primeros li- bros a cuestiones que hoy identificamos como pura- mente arquitectónicas, y los últimos a la ingeniería militar y civil, tratando temas como la hidráulica y la construcción de puertos, defensas y máquinas de guerra. La ausencia de una diferenciación profesional neta entre arquitectura e ingeniería se dio hasta bien avanzado el XVIII, no por la enorme influencia que el texto de Vitruvio tuvo sobre los tratadistas y arqui- tectos modernos, sino porque la construcción conser- vó una dinámica de trabajo que no difirió en exceso a la conocida por el arquitecto romano, en la cual los profesionales contaban entre sus conocimientos prác- ticos y teóricos materias propias de lo que hoy identi- ficamos como ingeniería, desarrollando y asumiendo con naturalidad este tipo de trabajos. Entre estos ar- quitectos polivalentes encontramos, ya desde la Edad Media, a algunos religiosos que compaginaron sus obras de arquitectura religiosa y civil con trabajos en fortificaciones y puentes. Monjes y frailes eran lla- mados por reyes, príncipes, nobles o cabildos muni- cipales para trazar o dirigir obras públicas civiles y militares, en condiciones semejantes a las de los ar- quitectos seglares. En la Francia medieval encontra- mos a Lanfred, que había dirigido diversas interven- ciones en los castillos fortificados de Normandía, y Los arquitectos religiosos y las obras de ingeniería Paula Pita Galán Actas del Séptimo Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Santiago 26-29 octubre 2011, eds. S. Huerta, I. Gil Crespo, S. García, M. Taín. Madrid: Instituto Juan de Herrera, 2011