Cornago,N. (2010) “La descentralización como elemento de innovación diplomatica: aproximación a sus causas estructurales y lógicas de acción”, MAIRA, L..(Ed.) La política internacional subnacional en América Latina, Buenos Aires, El Zorzal, pp. 107-134. La descentralización como elemento de innovación diplomática: causas estructurales y lógicas de acción Noé Cornago Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea Introducción En el contexto de la discusión sobre la necesaria renovación de la diplomacia la cuestión de la descentralización no ha recibido todavía suficiente atención. Ciertamente, la importancia de los procesos de descentralización desarrollados en las últimas décadas por numerosos Estados, -en el contexto de los procesos de ajuste estructural, y de las reformas constitucionales asociadas a los procesos de transición a la democracia- ha sido ampliamente estudiada, pero sus importantes implicaciones -jurídicas, institucionales, administrativas, económicas y propiamente políticas- se presentan invariablemente como si estuvieran circunscritas al ámbito interno, sin mayor relación con la esfera internacional (ej. Rondinelli 2008). Sin embargo, un examen más minucioso de la cuestión revela que el ámbito de la política exterior también se ha visto afectado por los importantes procesos de descentralización impulsados en las últimas décadas. En primer lugar, la transferencia de responsabilidades hacia niveles inferiores al interior de la propia organización de los gobiernos se ha plasmando en importantes reformas en el interior de los ministerios de asuntos exteriores, y los servicios exteriores, de numerosos Estados modificando las pautas de trabajo e imponiendo una nueva era de cooperación intergubernamental. En segundo lugar, la prestación de importantes servicios mediante la creación y en su caso sub-contratación de diversas entidades del llamado tercer sector – a través de ONGs y fundaciones- se ha hecho especialmente clara en el ámbito de la diplomacia pública y la cooperación en materia cultural o educativa, transformado viejas prácticas diplomáticas y ampliando el número de interlocutores en el proceso diplomático internacional. Por último, la privatización de bienes y servicios que en décadas pasadas presentaban titularidad pública ha modificado sustancialmente la agenda internacional y la capacidad de negociación de las cancillerías, imponiendo su asociación cada vez más estrecha con el sector privado, modificando su agenda y sus maneras de hacer. Tales son, en suma, las modalidades básicas en las que los efectos de los procesos de descentralización comienzan a sentirse en el ámbito de la diplomacia y la política exterior, y cuyas importantes implicaciones están todavía por explorar. Sin embargo, existe una cuarta manifestación de este problema que en el contexto general de esta obra colectiva reclama nuestra atención. Nos referimos al creciente activismo internacional de los gobiernos locales y regionales. Un fenómeno prácticamente generalizado a nivel internacional que, pese a su aparente bajo perfil, estaría transformando de manera silenciosa algunos aspectos claves de la diplomacia clásica, y modificando la morfología de la política exterior. Ese nuevo dinamismo de ciudades y regiones tiene su origen, por un lado, al interior de cada Estado, en la atribución de importantes competencias a los niveles locales e intermedios de gobierno en el contexto de las políticas descentralización que acabamos de esbozar, pero a su vez, como queremos mostrar en esta breve contribución, hunde sus raíces en algunas de las transformaciones más notables que atraviesa en la actualidad el sistema internacional. Los esfuerzos para promover el comercio exterior y la inversión; el mantenimiento de las delegaciones permanentes en el extranjero; la extensión de innumerables acuerdos internacionales con los interlocutores más diversos a través de diversos mecanismos de soft-law; la participación cada vez más intensa -en el seno de la delegación del Estado ante organizaciones internacionales o en la negociación de tratados- en el proceso político internaiconal; el establecimiento de relaciones directas cada vez más relevantes con organizaciones internacionales del sistema de NNUU; el acceso más o menos directo a los créditos del Banco Mundial y las comparecencias en las cortes de apelación de la OMC; el envío frecuente y alojamiento de las misiones internacionales cada vez más complejas sobre asuntos económicos, medioambientales y de otra naturaleza; la realización de declaraciones públicas sobre cuestiones internacionales de relieve; las campañas de promoción comercial y del turismo en el exterior; la creación de sus propias agencias de desarrollo para la cooperación internacional descentralizada... Todo lo anterior, y muchos otros instrumentos, con sus correspondientes disposiciones administrativas y presupuestarias, se están convirtiendo en una práctica cada vez más común para los gobiernos sub-estatales de prácticamente todo el mundo. Pues la experiencia ha demostrado que no se trata de una realidad exclusiva de los Estados federales del mundo occidental, sino más bien de una práctica que se ha generalizado a nivel internacional. Los contornos institucionales y la creciente relevancia de esa realidad han sido ampliamente estudiados desde las perspectivas analíticas del derecho internacional (DiMarzo 1980, Dehousse 1991: Pérez González 1997), las relaciones internacionales (Michelmann y Soldatos 1990; Hocking 1993; Aldecoa y Keating 1999; Hrbek 2003; Blindenbacher y Pasna 2008; Massart 2008; Michelmann 2009, o la economía política internacional (Sadler 1992; Paul 2005; Lachapelle y Paquin 2005), dando lugar a un vibrante debate, que recientemente ha cobrado un nuevo interés (Criekemans 2010). Siguiendo el trabajo pionero en este campo de autores como Duchacek y Soldatos (1990) este fenómeno ha sido frecuentemente caracterizado como paradiplomacia. Aunque la noción de paradiplomacia ha adquirido una importante difusión (Aldecoa & Keating 1999; Lecours 2002; Paquin 2004; Mingus 2006; Gelfenstein 2006; Wolff 2007; Zidaoui 2009), lo cierto es que ha sido a menudo contestada. A los efectos del presente trabajo puede no obstante ser definida como la participación de los gobiernos no centrales en las