A Parte Rei 72. Noviembre 2010 http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei 1 La interpretación foucaultiana de las éticas antiguas a partir de la noción de epimeleia heautou. Un breve recorrido por las filosofías de Platón, Aristóteles y Epicuro. Luciana Samamé Universidad Nacional de Córdoba Resumen Foucault ha hecho una contribución enorme a la historia de las ideas a partir de la investigación exhaustiva de la noción griega de epimeleia heautou. Nos ha mostrado, en efecto, su punto de emergencia en los diálogos platónico-socráticos y las distintas formas que fue asumiendo a lo largo de una extensa historia que va desde el siglo IV a.C. hasta los primeros siglos del cristianismo. En este trabajo se intentará reconstruir dicha noción a partir de tres hitos en esta historia: Platón, Aristóteles y Epicuro. Si bien Foucault no incluye al segundo de ellos en esta historia de la epimeleia heautou, se intentarán ofrecer argumentos que tornen viable su inclusión. En el intento por reconstruir dicha noción, se propone además aquí que la epimeleia heautou sea entendida sobre el trasfondo más amplio de una preocupación ética fundamental en el mundo antiguo: la preocupación por la vida buena o eudaimonia. Consideraciones introductorias: la filosofía moral en la Antigüedad y en la Modernidad Suele afirmarse que las éticas modernas en nada se parecen ya a las antiguas. Mientras se conviene en caracterizar a estas últimas como a éticas de bienes y de fines, las primeras giran en cambio en torno a las ideas de ley y obligación. Los antiguos partían en efecto de la idea de eudaimonia, de aquel fin hacia el que apunta todo agente racional y de cuyo logro depende su florecimiento y realización en cuanto ser humano; la reflexión moral se inscribía precisamente en ese contexto. Sin embargo, en la modernidad, aunque sin duda por obra de un largo proceso que se inicia con el cristianismo, se asiste a una suerte de divorcio entre moral y eudaimonia: esta última comenzará a ser asociada, y cada vez con fuerza creciente, a un interés egoísta. Los modernos –y quizá sea Kant el portavoz más enérgico de esta posición-, no sin cierta perplejidad, se formularon la siguiente pregunta: ¿qué valor moral puede tener la búsqueda de la propia felicidad? Al menos en principio –respondieron-, no parece tener ninguno. Los antiguos, entonces, parecen no haber logrado captar lo moral per se, de suerte que en su peculiar modo de abordar las cuestiones éticas, éstas aparecían entremezcladas con elementos externos a ellas mismas, v.g., factores psicológicos, cuestiones sociales, políticas, religiosas, etc. En resumidas cuentas, mientras la reflexión moral antigua se hallaba circunscrita por la pregunta sobre la vida buena y los medios racionales de alcanzarla, en la modernidad, la reflexión moral busca dar con una legislación de alcance universal, un conjunto de prescripciones que a cualquier individuo convendría seguir. Aunque ésta se trate de una caracterización muy burda y una extrapolación un tanto exagerada, constituye una diferencia que suele ser aceptada por varios especialistas. Michel Foucault se inscribe sin duda entre ellos, y a partir de su monumental obra, nos da una visión precisa acerca de las diferencias que caracterizaron a una y otra época en sus respectivas teorizaciones morales. Durante un período considerable de su producción intelectual, el filósofo francés se ocupó