A
hora que las empresas pue-
den obtener —con el simple
click de un mouse— capital,
bienes, información y tecnología de
cualquier lugar del mundo, habrá
que rever la forma convencional de
competir de las empresas y nacio-
nes. En teoría, la apertura de los
mercados y la velocidad del trans-
porte y de las comunicaciones debe-
rían atenuar el papel que juega la
ubicación geográfica en la compe-
tencia. Pero si la ubicación física ca-
da vez importa menos, ¿por qué es
más factible encontrar una excelen -
te compañía de fondos comunes en
Boston que en cualquier otro lugar?
¿Por qué las empresas textiles se
concentran en Carolina del Norte y
Carolina del Sur, las automotrices
de alta performance en el sur de
Alemania, o la industria del calzado
en el norte de Italia?
El mapa económico del mundo ac-
tual está dominado por lo que yo lla-
mo “clusters”: masas críticas —ubi-
cadas en determinado lugar— de
inusual éxito competitivo en deter-
minados campos. Los clusters son
una característica sorprendente de
casi todas las economías —naciona-
les, regionales, estaduales y hasta me-
tropolitanas—, especialmente en las
naciones más avanzadas. Es probable
que Silicon Valley y Hollywood sean
los más conocidos del mundo. Sin
embargo, los clusters no tienen un
carácter único, sino características
comunes, y allí reside una paradoja:
en una economía global, las ventajas
competitivas duraderas tienen que
v e r, cada día más, con factores loca-
les —como el conocimiento, las rela-
ciones y la motivación— que los riva-
les distantes no pueden igualar.
A pesar de que la ubicación geográ-
fica sigue siendo fundamental para
competir, su papel difiere mucho
del que jugó hace una generación.
Cuando la competitividad estaba
muy atada al costo de los insumos,
los lugares con alguna característica
clave —un puerto natural, por ejem-
plo, o mano de obra barata— disfru-
taban de una ventaja comparativa
que era perdurable y decisiva desde
el punto de vista competitivo.
En la economía actual, la competiti-
vidad es mucho más dinámica. Las
empresas pueden mitigar muchas
de las desventajas derivadas del cos-
to de los insumos que necesitan me-
diante la provisión global, convir -
tiendo la antigua noción de la venta-
ja comparativa en un factor menos
relevante. Hoy, la ventaja competiti-
va depende de un uso más producti-
vo de los insumos, lo cual exige per-
manente innovación.
Basta con desentrañar la paradoja
de la ubicación geográfica en una
economía global, para que se revele
una serie de cuestiones clave acerca
de cómo las empresas crean una
ventaja competitiva. Lo que sucede
dentro de las compañías es impor-
tante, pero los clusters demuestran
que lo que ocurre fuera de ellas, en
el ambiente de negocios que las ro-
dea, también juega un papel vital.
Este papel de la localización se ha
pasado por alto durante mucho
tiempo, a pesar de las contundentes
evidencias de que la innovación y el
éxito competitivo están geográfica-
mente concentrados: ya se trate del 130
Volumen 1 / Nº 2 / enero-febrero 1999
Los clusters y la
En una economía globalizada, aunque suene a paradoja, muchas de las
Por Michael E. Porter
En síntesis
■ H o y, el mapa de la economía
mundial se caracteriza por lo
que Porter llama “clusters”: ma-
sas críticas de empresas que ac-
túan en industrias r e l a c i o n a d a s ,
con asiento en una r e g i ó n .
■ La proximidad geográfica y cul-
tural provee a las compañías de
mejor información, r e l a c i o n e s
más estrechas y otras ventajas
difíciles de alcanzar por compe-
t i d o r es lejanos.
■ P o r ter explica cómo tienen que
configurarse las empresas, de
qué manera pueden contribuir
las universidades, y cuál es el ti-
po de promoción que deben r e a-
lizar los gobier n o s .
Traducido y reproducido con autorización de
Harvard Business Review, este artículo fue ori -
ginalmente publicado con el título “The Dawn
of the E-Lance Economy”, por Michael Porter,
noviembre-diciembre de 1998. © 1998 by
the President and Fellows of Harvard College.
Todos los derechos reservados.
Porter es profesor en la Escuela de Negocios
de Harvard. Autor de la famosa obra Estrate-
gia competitiva, entre sus últimos libros se
cuentan La ventaja competitiva de las nacio-
nes (1990), y On Competition (1998).