ALGUNOS MOTIVOS ÁRABES E ISLÁMICOS EN LA OBRA DE BORGES Por Pablo Tornielli vyt@sinectis.com.ar Un profesor egipcio Ha sido poco divulgado que Jorge Luis Borges (Buenos Aires 1899-Ginebra 1986), durante sus últimos días, en Ginebra, llegó a tomar clases de idioma árabe. En un artículo publicado en La Nación, Héctor D'Amico refirió este episodio 1 , que supo a su vez de María Kodama, esposa del escritor. En sus últimas semanas, Borges, que "se había propuesto que la enfermedad no interfiriera en su vida", tomó con su esposa algunas clases de árabe. Un profesor egipcio que vivía en Lausanna fue citado por María Kodama al hotel donde ambos residían. Kodama lo recibió en el lobby. De acuerdo con el relato de D'Amico, "ella sugirió entonces que subiera porque alguien más iba a participar de la clase. El egipcio sonrió. Cuando María abrió la puerta, el recién llegado reconoció de inmediato al anciano y se puso a llorar. Había leído la obra completa de Borges en francés. Propuso enseñarles árabe sin cobrar, pero ellos no aceptaron 2 ". El poeta octogenario y ciego no podía apreciar la poderosa silueta de los caracteres arábigos sobre el papel. Tampoco podía aspirar al dominio de una lengua tan compleja y que hasta entonces ignoraba por completo. ¿Qué fascinación secreta lo llevó a emprender un estudio predestinado a quedar inconcluso? ¿Qué sensaciones pasaron por su mente al oír de labios del egipcio los suntuosos sonidos de la lengua del Dad? Este artículo quiere ser una respuesta a esas preguntas, pretensión exagerada que no ha de cumplirse sino en minúscula medida. La confiabilidad de las fuentes Al citar una obra, o una palabra, en árabe, Borges dependía de la precisión de sus fuentes. Con ambigua modestia, llegó a decir: "El hecho de desconocer el griego y el árabe me permitía leer, digamos, la Odisea y Las mil y una noches, en muchas versiones distintas, de suerte que esa pobreza me llevaba también a una suerte de riqueza" 3 . Es evidente que Borges tuvo a menudo la fortuna de elegir las mejores versiones de entre las disponibles, hecho que explica la exactitud de sus citas y referencias a obras clásicas de la literatura árabe o islámica. Expongamos algunas de estas referencias, en un orden aproximadamente cronológico. Traducciones de voces árabes. Historia universal de la infamia (1935) no contiene sino resúmenes, admirablemente redactados, de historias ya narradas por otros. Sus exuberantes metáforas justifican que el propio escritor, en el prólogo a la edición de 1954, calificara de barroco al estilo en el que están compuestas. Según el propio Borges, "son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin 1 "Una visita a Borges", por Héctor D'Amico. La Nación del 20 de noviembre de 1993, página 7, primera sección. 2 Idem. 3 "Siete conversaciones con Jorge Luis Borges", por Fernando Sorrentino. Casa Pardo S.A., Buenos Aires 1974, página 71. © Borges Studies on Line, 2001