INTRODUCCIÓN Desde los inicios de la Arqueología, la cla- sificación se convirtió en uno de los medios más importantes y significativos a la hora de ordenar y explotar el mayor número posible de datos obtenidos en una excavación. La clasifi- cación es la organización de grandes cantidades de datos en unidades más pequeñas fácilmente manejables, es decir las tipologías. En general los objetivos de una tipología son la ordenación y catalogación del material, la datación más o menos exacta de los contextos arqueológicos y el establecimiento del paralelismo que exista con los materiales documentados en otras zonas. Debido a estas funciones de clasificación y comparación se tiende con frecuencia a con- siderar que la tipología es un instrumento neu- tral o inocente. No obstante ello supone olvidar que el fin primordial para el que debe emplearse todo material arqueológico, y entre éste la cerá- mica, es la interpretación de los contextos arqueológicos en sentido histórico. Y en este plano ninguno de los instrumentos que se utili- cen, ni la forma en que se haga, puede ser neu- tral (RUÍZ, MOLINOS, HORNOS 1986). Partiendo de este planteamiento, el pre- sente estudio aborda la revisión de las distintas tipologías empleadas hasta el momento en los estudios de cerámica andalusí, examinando los problemas que plantean, y cómo han sido utili- zadas por los investigadores. LOS ORÍGENES DE LA TIPOLOGÍA ARQUEOLÓGICA Entre los años cuarenta y setenta la clasifi- cación en arqueología se basó en el concepto de Tipo, que es el elemento que se define a partir de una serie de atributos comunes a un grupo más o menos amplio, en un lugar y en un momento cronológico precisos y que lo dife- rencian de otros tipos (CLARKE 1984). En la cre- ación de la tipología, primero se definen los tipos y luego se establecen subtipos o variantes, que se diferenciarán unas de otras por la pre- sencia o ausencia de otros atributos menos sig- nificativos. Si en otro punto, aunque sea muy dis- tante, se encontraran piezas con los mismos o semejantes atributos, cabría afirmar que ambas forman parte de la misma “área cultural”, que se han producido “migraciones” o que hay como mínimo “influencias directas”. Eso es posible porque la cultura se concibe como una serie de “ideas compartidas” cuya representación mate- rial es el Tipo, que por tanto sería la imagen ideal que los fabricantes tenían en sus mentes; así, una vez identificado el tipo, se habrá conseguido diferenciar una cultura, o una sociedad, de otras. El tipo adquiere así la consideración de fósil director o fósil-guía y, en consecuencia, para seguir los desplazamientos de una cultura en el espacio y en el tiempo sólo hace falta identificar los fósiles-guía que la representan (CONTRERAS 1984). Este concepto de tipo y sus supuestas implicaciones fueron los que servieron de base Sistematizaciones y tipologías. Veinte años de investigación Vicente Salvatierra Cuenca* Juan Carlos Castillo Armenteros* * Área de Hª Medieval. Universidad de Jaén.