Ponencia plenaria para el V Congreso de Lexicografía Española Madrid, 21 de junio, 2.012 Raffaele Simone Diccionarios que todavía no existen 1. Diccionarios: una aproximación ilimitada Todos sabemos que los hablantes, empezando por los de nivel cultural modesto, a menudo se interrogan sobre varios aspectos de su lengua, así aplicando sin enterarse el refrán de Ferdinand de Saussure según que «el lenguaje es cosa demasiado importante para dejarlo a los lingüístas». Como es sabido, la mayoría de estas preguntas “ingenuas” son sobre cómo se escribe una palabra, cómo se pronuncia, qué quiere decir, cuál es su registro o su orígen histórico, etcétera. Estos temas, en apariencia disparatados, tienen sin embargo algo común. De hecho, casi todas hablan de “cuestiones de palabras”, es decir se refieren a ese “saber de palabras” que llamamos más técnicamente competencia léxica. Ahora bien, a cuál sitio se dirigen estas preguntas en búsqueda de una contestación? Este sitio son los diccionarios –en el sentido general de este término, o sea representados tanto por objetos físicos editoriales o también computacionales como por otros hablantes que actúen como fuente de información. Esta manera de plantear el problema nos invita a entender los diccionarios como una serie de tentativas de contestar a las multiformes clases de preguntas que el hablante se hace sobre distintos aspectos de su lengua que constiyuen problema para él o ella. En otros términos son una serie, probablemente ilimitada, de aproximaciones al léxico, por que este es un objeto inalcanzable en su totalidad, una “pantera olorosa”, como decía Dante a propósito del italiano de su tiempo (De vulgari eloquentia, cap. XVI): siempre se nos va escapando y, tras pasar, lo que deja de sí sólo es un vago olor.