Consonancias | N 0 40 21 En la Administración de Empresas como disciplina un tema recurrente de estudio es la comunicación organizacional. Como el aire que oxigena la vida en las comunidades de trabajo, su problemática se nos escapa tanto por cotidiana como por frágil y falible. En toda organización se viven momentos de plenitud por el bien común realizado o el ser- vicio prestado y también otros de incertidumbre, donde el rumor o la ansiedad son más fuertes que cualquier otra realidad. Es en esos momentos de- sérticos u obscuros de la vida comunitaria cuando la comunicación deja de versar sobre el fin al que la organización nos convoca y pasa a ser sustituida por los relatos acerca de los espacios de influencia, los personales y los de los otros. Hemos escuchado cientos de veces analizar la co- municación como una relación entre un emisor, un receptor, un mensaje, un código, etcétera. Todos sabemos, por experiencia, que la comuni- cación entre personas no tiene nada de aséptica, y que la reflexión sobre ella incorpora, necesa- riamente, su vinculación con la verdad, con el poder y, por ende, con el acuerdo y el conflicto. Por otra parte, los analistas de culturas organiza- cionales dan cuenta del poder constructivo de la conversación. En ella operan imágenes, metáfo- ras, preconceptos y presupuestos que influyen en la toma de decisiones. También se construye la organización en sus temas, su agenda, su habla y en aquello no dicho. Hasta podría considerarse, en un sentido análogo, que este habla organiza- cional hace las veces del lugar de la conciencia de la comunidad de trabajo. La afirmación es quizás aventurada desde el punto de vista teórico, pero tácticamente constatamos que influye en la toma personal de decisiones. De conflictos y simulacros: Una mirada sobre la comunicación en las comunidades de trabajo M. Marta PREZIOSA La no-voluntad de saber forma parte de la no-guerra. A falta de la voluntad de poder y de la voluntad de saber, hoy permanece por doquier la voluntad de espectáculo. (Jean Baudrillard) Hace unos años, la lectura de los ensayos del francés Jean Baudrillard, La guerra del Golfo no ha tenido lugar, me inspiró estas reflexiones y me sugirió una suerte de bosquejo, un camino para entender una posible relación entre comunicación, el poder y el conflicto, manifestada allí donde el trato cotidiano involucra la posibilidad de influir en los otros. Vayan estos pensamientos en calidad de ‘impresionistas’. Persuadir, disuadir Comunicarse con la verdad puede llevar tanto al emisor como al receptor a dos situaciones: al acuerdo o al enfrentamiento. O bien concuerdan en la misma verdad (en el juicio acerca de la reali- dad, de lo que sucede) y por ello quieren lo mismo o, aun concordando con esa verdad, enfrentan sus intereses (diferentes juicios de valor o diferen- tes opciones). Ante el enfrentamiento de juicios o intereses y la consiguiente posibilidad de con- flicto, una alternativa, a primera vista, es persua- dir o disuadir. Lograr que el otro quiera lo mismo, independientemente de que vea o no lo mismo, es decir, persuadir. O lograr que no quiera lo que quiere, es decir, disuadir. ¿Cómo definiríamos persuadir o disuadir? Reco- nozcamos –con la ayuda de las descripciones de Baudirllard– algunas de sus formas cotidianas. Ati- borramos verborrágicamente al interlocutor (o al espectador) con un cúmulo de contenidos inútiles tratando de llenar el vacío o de ocultar lo que suce- de. Hacemos prevalecer el “maquillaje“ antes que el contenido, la búsqueda del impacto antes que del resultado. Avalamos la puesta en escena del