LA GRAN CIUDAD Y LA COMUNIDAD. NOTAS SOBRE TEORÍA SOCIAL, EL URBANISMO Y LA RECONSTRUCCIÓN DE LA COMUNIDAD Natalia Cosacov Universidad de Buenos Aires (Argentina) nataliacosacov@gmail.com Resumen Se recuperan los planteos que surgieron en el ámbito del urbanismo en las primeras décadas del siglo XX como respuestas al “malestar” de la “gran ciudad” poniéndolos en relación con la producción de la teoría social. Las propuestas del urbanismo que se analizan, tienen como metáfora “la aldea” y no pueden comprenderse sino en un diálogo/oposición con los diagnósticos elaborados por la sociología acerca de la crisis del lazo social. Palabras clave : comunidad, urbanismo, lazo social Nisbet ha sostenido que todas las proposiciones sociológicas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, han definido la ciudad como el ámbito o “locus” de la desorganización, la alienación y el aislamiento mental (Nisbet, 1990). En esa línea, Frisby (2007) señala que el discurso indiferenciado sobre las ciudades por parte de la sociología, sugeriría que el interés no se dirige tanto a las ciudades concretas, sino más bien, lo que estaría en cuestión sería la significación simbólica de las ciudades y su representación de otros fenómenos. ¿Pero qué es precisamente lo que condensará la ciudad que obligará a Tönnies, Simmel, Durkheim, Weber y Sombart, a nombrarla y dedicarle gran parte de sus reflexiones? Básicamente, nombrar el ámbito donde se produce un salto cualitativo en la forma del lazo social. Como veremos a través del pensamiento de Tönnies en torno a la “gran ciudad” ésta será “pura y simplemente sociedad”. De allí que la “gran ciudad” o metrópoli condense todos los temores por la pérdida de la comunidad pero también toda la fascinación que se le atribuya a la emergencia de ese nuevo orden llamado sociedad . Así, comenzaré por hacer una lectura del modo en que Ferdinad Tönnies en su obra “Comunidad y sociedad” (1887) reflexionó en torno a la “gran ciudad” para luego, recuperar los planteos que en las primeras décadas del siglo XX emergieron en el ámbito del urbanismo. Se trata de recorrer el modo en que el urbanismo planteó respuestas a ese momento de crisis del lazo social, siguiendo los avatares de un modelo, el de la ciudad-jardín, que tiene como horizonte y metáfora “la aldea” (1). “La gran ciudad” según Tönnies (2) Mientras la casa, la aldea y la ciudad son para Tönnies configuraciones externas de una convivencia de comunidad, “la gran ciudad” pierde casi totalmente ese carácter, pues las distintas personas y hasta familias se enfrentan en ella y tienen una localidad común meramente casual y elegida. En este sentido, Tönnies afirma que “la gran ciudad” está formada por puras personas libres que en el tráfico se hallan constantemente en contacto, proceden a intercambios, y actúan conjuntamente, sin que surja entre ellas comunidad y voluntad comunal. Para Tönnies “la gran ciudad” es típica pura y simplemente de la sociedad pues allí la diferencia entre nativos y forasteros pierde importancia: cada cual es lo que es por su libertad personal, por su patrimonio y por sus contratos. La afirmación de Tönnies acerca de que “la gran ciudad” es típica pura y simplemente sociedad, implica que en ella se realiza el orden social . En el pensamiento de Tönnies el orden social se opone a la idea de consenso como aquella “inclinación recíproco- común, unitiva, en cuanto voluntad propia de una comunidad” (3). Así, el consenso descansa en un mutuo conocimiento íntimo, posible por la participación directa de un ser en la vida de otro. De ahí que el consenso resulte tanto más probable cuanto mayor sea la semejanza de constitución, experiencia, carácter y modo de pensar. En este sentido, Tönnies afirma que el consenso, a diferencia del contrato es “por esencia silencioso (…) porque su contenido es indecible, infinito, incomprensible” (4). Es ese consenso el que posibilita una unidad de voluntad. De allí que Tönnies afirme que donde quiera que se encuentren seres humanos enlazados entre sí de un modo orgánico por su voluntad y afirmándose recíprocamente, existe comunidad. A diferencia de la comunidad, en la sociedad no se puede ver en las actividades de los individuos la expresión de la voluntad y espíritu de esa unidad. Todo lo contrario, en ella cada uno está para sí solo, y en estado de tensión contra todos los demás. En este sentido, afirma Tönnies que la única voluntad común que existe en la sociedad es la voluntad de cambio, que como acto societario se llama contrato. La sociedad, es entonces un agregado cohesionado por convención, “una multitud de individuos naturales y artificiales, cuyas voluntades y esferas forman numerosas uniones entre sí y en sus relaciones, a pesar de lo cual se mantienen entre sí independientes y sin inmiscuirse mutuamente en su interior” (5). Así “la gran ciudad” como orden social puede