A Parte Rei. Noviembre 2010 http://serbal.pntic.mec.es/AParteRei 1 El «post» de la postmodernidad. Una poética postmodernista Jorge Fernández Gonzalo jfgvk@hotmail.com A más de treinta años desde que se preconizara el nuevo cambio de paradigma o la “condición” histórica del postmodernismo como una forma de ruptura con respecto a las formas establecidas por la modernidad (desde Descartes hasta el siglo XX), se hace totalmente necesario una revisión de su alcance e intenciones, ya cuando las principales voces han desaparecido del debate filosófico (Foucault, Lyotard, Deleuze, Derrida, Baudrillard) sin dar lugar, de manera clara, a continuadores con el mismo afán rupturista, sino a toda una gama de adeptos ya cómodamente asentados en estrategias que no les pertenecen y que habrían heredado sin una posición igualmente aperturista, transformadora. No obstante, los basamentos sobre los que se construye (y se disipan) los pilares de la condición posmoderna suponían una sucesión de los forjados por los famosos “filósofos de la sospecha” (Ricoeur, 2003: 95) como son Nietzsche, Freud y Marx: la postmodernidad de las últimas décadas del siglo XX no sería otra cosa que el asentamiento, aun con ciertos rasgos nomádicos más acentuados si cabe, de algunas cuestiones ya trazadas por estos pensadores, principalmente por el alemán Friedrich Nietzsche. Pareciera, pues, que de la postmodernidad como no-programa, como movimiento de apertura y dinamización de las principales opciones de la metafísica clásica, sólo hubiera quedado el nombre, un cúmulo de intenciones no resueltas que han perdido fuelle, que han sucumbido lentamente al poder hasta establecerse como un discurso monolítico autogenerativo. Un compendio de citas, nombres, fragmentos, que se complementan en una amalgama de diferentes juegos del lenguaje pero que poco a poco van plegándose sobre sí mismos, impidiendo que se incorporen posicionamientos novedosos, discursos enriquecedores que dieran un nuevo impulso a las propuestas aún vigentes de la primera nómina de autores. Y sin embargo, aún quedan por resolver algunos conflictos de base. ¿Qué significa la postmodernidad? ¿Qué relación entraña con respecto a los modelos anteriores de pensamiento? ¿Cuáles son las condiciones de veracidad de su discurso, qué sentido tiene la partícula post con que se vehicula el término? Nuestra aproximación al conflicto no deja de ser un mínimo resorte más en las circunvoluciones que abren estas incógnitas, un juego más en la espiral de discursos que clarifican, o entorpecen, la concepción de lo postmoderno y los rasgos inabarcables de su definición. 1. El Fin de los Metarrelatos El debate sobre el ámbito de lo postmoderno saltó a la escena filosófica con contundencia a finales de los años 70, a partir del famoso libro de François Lyotard La condición posmoderna: informe sobre el saber, en donde se afirmaba que la postmodernidad “designa el estado de la cultura después de las transformaciones que han afectado a las reglas del juego de la ciencia, de la literatura y de las artes a partir del siglo XIX” (2004: 9) hasta el punto de deslegitimar los “metarrelatos” de los discursos dominantes (Ibíd.). Los esquemas discursivos de la ciencia son sólo fábulas