La palabra Acrópolis proviene del griego ἄκρος, (extremo) y πόλις, (ciudad), y hace referencia a la parte más alta de una ciudad. [ 1 ] En la actualidad se suele restringir el término a la parte más alta de las antiguas polis griegas, aunque también se puede utilizar para ciudades romanas y de otras civilizaciones. Con la intención de disponer de una mejor defensa, los primitivos pobladores emplazaban sus asentamientos en elevaciones naturales del terreno, preferiblemente con bordes escarpados. [ 2 ] Con el tiempo, esta zona elevada se convertía en el núcleo a partir del cual iba desarrollándose el crecimiento urbano. Así nacieron ciudades como Atenas o Roma, la cual fue resultado de la unificación de siete poblados ubicados en sus respectivas colinas. Debido a la situación privilegiada, las acrópolis solían albergar los edificios más emblemáticos, como templos o plazas de reunión (ágora), y en ellas se reunían las personalidades de la ciudad o se celebraban actos importantes. La acrópolis más conocida es la Acrópolis de Atenas, que incluye el Partenón en honor a la diosa Atenea. El Ágora griega es el referente más antiguo del espacio público occidental y, junto con el Foro romano, antecesor de nuestras plazas. Era a la vez un mercado, la sede de gobierno, un centro de culto, un área de trabajo y un lugar para espectáculos. Pero mucho más que eso, fue la cuna de la democracia (aunque ejercida solamente por varones libres) y el ámbito donde sabios como Sócrates, Platón, Eurípides, Sófocles, etc., tan influyentes en el desarrollo de nuestra civilización, discutieron sus ideas. El Ágora era un lugar sagrado, como tesmonian numerosos santuarios. Allí se encontraban templos dedicados a los dioses olímpicos, a Hefestos, a Zeus y a Apolo. También estaban los tribunales donde se celebraban juicios y donde condenó, entre otros, a Sócrates a pena de muerte por, según sus acusadores, corromper a los jóvenes e introducir dioses nuevos. Sin embargo, el Ágora de Atenas no fue un espacio rígido y fue cambiando a través de más de 5000 años de historia, particularmente bajo la influencia helenística y romana. Con el paso de los siglos fue cubriéndose de tierra e invadida por casas e iglesias, al punto que hasta 1930 nadie sabía dónde quedaba el ágora ateniense