1 Ciudadanía e identidad nacional [Texto publicado en R. Lorenzo y R. Benedicto (coords.), Educación cívica: democracia y cuestiones de género, Barcelona: ICARIA, 2010.] José Luis López de Lizaga Universidad de Zaragoza “En una situación de libertad cada individuo debería poder decidir lo que querría ser: alemán o judío, o lo que fuese. En una república a-nacional como Estados Unidos, donde la nacionalidad y el Estado no son idénticos, esto se convierte más o menos en una cuestión que ya sólo tiene importancia social y cultural, pero que es políticamente irrelevante. Hannah Arendt. La identidad nacional forma parte de los fenómenos fundamentales de la política contemporánea. Es tan antigua, o casi, como los derechos humanos o el consentimiento democrático como principios de legitimación del poder y de las instituciones del Estado; y al igual que esos otros principios, también la nacionalidad ha desempeñado una función muy importante en la legitimación de los Estados modernos. Pero a diferencia de los derechos humanos o la democracia, el concepto de nación no goza de un prestigio incuestionable. Su relación con las conquistas políticas del mundo moderno es, de hecho, sumamente equívoca. Los derechos humanos plasmados en la Declaración de 1948 parecen ser hoy la instancia verdaderamente incuestionable de legitimación del poder. Algo menor es ya el prestigio del principio de legitimación democrática, es decir, de la idea de que sólo son legítimas las leyes, instituciones o medidas políticas que expresan la voluntad soberana de los ciudadanos. La historia muestra, en efecto, que las democracias pueden adoptar leyes o medidas políticas abusivas, monstruosas incluso, y esto desaconseja atribuir al principio de legitimación democrática una validez incondicional. No es aceptable ninguna resolución democrática que atente contra los derechos humanos de una minoría, y en este sentido los derechos humanos disfrutan (incluso en la arquitectura constitucional del Estado de derecho) de cierto primado sobre la democracia. Si se