Patrimonio y agroturismo: propuestas de futuro para la dehesa 533 PATRIMONIO Y AGROTURISMO: PROPUESTAS DE FUTURO PARA LA DEHESA Antonio PÉREZ DÍAZ Felipe LECO BERROCAL Grupo de Estudios sobre Desarrollo Rural y Local en Espacios de Frontera (GEDERUL, UEx). aperez@unex.es; fleco@unex.es 1. INTRODUCCIÓN La dehesa constituye uno de los agrosistemas de mayor significación territorial en la Península Ibérica, donde ocupa espacios de enorme amplitud y continuidad. España, por su parte, es el país que atesora una mayor extensión de terrenos adehesados, que están especialmente representados en la región extremeña. Zamora, Salamanca, Ávila, Toledo, Ciudad Real, Huelva, Sevilla y Cádiz, son algunas de las provincias españolas en las que también se registra la presencia, aunque en proporciones menos significativas, de espacios adehesados. La diversidad de aprovechamientos propia de la dehesa y el carácter mixto agrícola, ganadero y forestal de estas explotaciones, han determinado la existencia de notables imprecisiones estadísticas en torno a su dimensión superficial, de modo que es notable la disparidad de cifras que se barajan al respecto. Si se asimila el término dehesa al de monte abierto, la superficie ascendería a un total de 4.414.759 hectáreas, a las que cabría añadir las 5.231.082 hectáreas de monte leñoso (MINISTERIO DE MEDIO AMBIENTE Y MEDIO RURAL Y MARINO, 2009). Hay autores que, citando la misma fuente, sitúan sus estimaciones en una extensión superior a los 7,3 millones de hectáreas, de las que aproximadamente medio millón estarían localizadas en territorio portugués (GASPAR, 2007). Otros, sin embargo, sitúan dicha cifra entre los 3 y los 3,5 millones de hectáreas, refiriéndola exclusivamente a territorio español (SAN MIGUEL, 1994). Esta misma circunstancia se repite cuando se trata de evaluar la superficie que ocupan los espacios adehesados en Extremadura. De este modo, mientras que Leco Berrocal (LECO, 2006) la cifra en 1.211.883 hectáreas, los datos del Proyecto CORINE Land Cover (C.L.C., 2000) estiman en 1.129.352 hectáreas la superficie de quercíneas y en 501.168 la de matorral arbolado. Por su parte, el Mapa Forestal de España (2000), escala 1:50.000, estima que la superficie que ocupan las dehesas en Extremadura ascendería a 1.424.121 hectáreas. Pero no es objetivo de la presente comunicación que esta disparidad de cifras se plantee como elemento de discusión, ni pretende tampoco que sirva para ilustrar la indefinición de que aún adolece el concepto de dehesa. Y es que, con ser importante, lo que pretende significarse en este trabajo no es su representatividad territorial y sus consiguientes implicaciones socioeconómicas, sino la necesidad de prestar la necesaria atención a sus valores paisajísticos, culturales, históricos, artísticos y recreativos, como modo de incrementar las posibilidades de valorizar sus potencialidades económicas a través de los denominados aprovechamientos emergentes, concretamente el agroturismo, y, con ello, de garantizar su sostenibilidad, seriamente amenazada merced a su vulnerabilidad ante las situaciones de crisis. 2. RAZONES DE UNA CRISIS RECURRENTE Pese a su innegable atractivo y su aparente exuberancia, el paisaje de dehesa se enmarca en un medio físico que impone severas limitaciones a la práctica agraria que debe adaptarse, entre otras, a las dificultades derivadas de la escasa capacidad productiva de los suelos y de la irregularidad climática. Ambas circunstancias determinan no sólo la debilidad y