1. INTRODUCCION Las nuevas tecnologías están cambiando los comportamientos de la sociedad a una velocidad nunca antes vista en la Historia de la Humanidad. En esta nueva era, a la que el sociólogo Manuel Castells llama Sociedad Red, se producen nuevos hábitos y disfunciones en los individuos, que adquieren una nueva idendad social como usuarios capaces de acceder, crear, comparr y modificar información y conocimiento. En este nuevo contexto Internet juega un papel vital, como un medio anónimo que facilita el acceso e intercambio de información y datos, conviréndose en la nueva frontera de las relaciones sociales y públicas. Hoy en día, se ha converdo en un instrumento de comunicación, obtención de recursos e intercambios electrónicos, lo que conlleva importantes repercusiones en los disntos sectores sociales, económicos, jurídicos y culturales. Internet hace posible la interconexión, en el ámbito mundial, de todo aquel que esté dispuesto a sumergirse en un océano que, hoy por hoy, no conoce límites. Y aquí es donde comienza el problema. En un espacio que no conoce términos no es de extrañar que surjan ciertas irregularidades en la acvidad de los usuarios en que lo conforman. Las tecnologías de la información pueden ulizarse, y se ulizan, para perpetrar y facilitar diversas acvidades delicvas a través de nuevas técnicas de criminalidad que ponen en peligro nuestra convivencia en sociedad. Ante esta situación, el ámbito mundial ha generado mecanismos que tratan de garanzar la seguridad informáca mediante acciones claras y evidentes. Desde hace aproximadamente diez años en la mayoría de países europeos se ha procedido a la inclusión dentro del código penal del estado de una legislación que pifique y penalice el mal uso de la red. Además, endades como la Organización de las Naciones Unidas, la Comunidad Europea y los Estados Unidos de Norteamérica han desnado sus acciones a la creación de organismos necesarios para plantear que el problema del cibercrimen y sus consecuencias es un hecho grave que requiere de urgentes medidas, tanto en el ámbito legislavo, de las tecnologías y la socialización. Sin embargo, este po de preceptos se han desarrollado muy por detrás del alcance de los llamados ciberdelitos, cuyos autores se encuentran al amparo de nuevas herramientas tecnológicas que facilitan el ejercicio de sus acvidades delicvas. De hecho, disponen de su propio mundo digital, anónimo y virtualmente indetectable, a la vez que secreto, conocido como Darknet o Web Profunda. Se trata de un internet fuera de foco, no accesible a navegadores clásicos, que subyace bajo la red superficial que conocemos como internet. La Deep Web funciona gracias a una red global de usuarios de computadoras que creen que internet debería operar fuera de la supervisión de las agencias que vigilan el incumplimiento de la ley y se uliza tanto con fines polícos como delicvos. 1