I Jornada de Derecho del Vino y D.O. Santiago de Chile, PUC, 10 de diciembre de 2013 Historia del Vino en el Cono Sur de América: identidad y patrimonio Pablo Lacoste Universidad de Santiago de Chile Proyecto Fondecyt 1130096 “Si unas viñas no llevan más nombre que el del propietario, o tienen que conservarlo aunque cambien de dueño, o pierden parte del valor que su reputación las ha dado hasta que lo vuelvan a adquirir” Marqués de Riscal, 1877, p. 18. En 1494 Cristóbal Colón recorrió las tierras de la actual Venezuela, territorio que no llamó “Tierra Firme” sino el “Paraíso Terrenal”. Sin embargo, poco después, abandonó el proyecto y se alejó del lugar. Uno de los motivos fue la falta de vino. Al parecer, para los europeos, la falta de este alimento era insoportable. Algo parecido se desprende de las cartas del capitán general Felipe de Utre (1505-1546), uno de los primeros conquistadores de esa región. Su objetivo era buscar la fabulosa ciudad de El Dorado, pero solo encontró una traumática experiencia de privaciones, hambre, luchas, conflictos y heridas, que se prolongaron durante quince años hasta morir degollado. A pesar de sus penurias, la memoria del vino se mantuvo siempre presente en su conciencia. Así lo expresó en carta a sus familiares en Europa: “Tened la bondad de beber vino a mi salud, pues hace cuatro años y medio que no pruebo vino” (Pardo, 1988 p. 121). La América Latina actual, en cuanto continente mestizo, formada por el roce entre europeos, pueblos indígenas y afroamericanos, nació ligada a la cultura de la vid y el vino. Los conquistadores españoles y sus aliados introdujeron la cultura de la dieta mediterránea, que se apoyaba en tres pilares fundamentales: vino, trigo y olivo. Esta cultura atravesó el Atlántico a bordo de los barcos castellanos, y se instaló en el nuevo continente. El vino era parte de la vida cotidiana de los primeros colonizadores y era indispensable para mantener el ánimo, en medio de las dificultades y la pobreza de recursos. Con júbilo recibió Pedro de Valdivia un navío llegado de Arequipa, con “media docena de botijas de vino” (…) “el cual nos faltó cinco meses” (Valdivia, 1550, p. 30). Resulta notable el espacio que el conquistador de Chile dedicó al vino en sus relatos para obtener el reconocimiento de méritos por parte de la Corona.