91 Es evidente que están teniendo lugar transformaciones radicales que afectan a todos los ámbitos significativos de las sociedades humanas. La propia crisis económico-financiera, con sus múltiples y devasta- dores impactos, principalmente en el ámbito social, constituye una prueba más de este estado de emergencia en el que nos encontramos. Se suceden los análisis, se elaboran teorías explicativas, se apuntan soluciones, pero ello no consigue superar esa pandemia de pesimis- mo y desconcierto, esa sensación general de incertidumbre, angustia e impotencia. En estas circunstancias, y partiendo de la premisa de que la cuestión planteada está estrechamente relacionada con la goberna- bilidad (con la política), uno se pregunta qué puede hacer la ciencia política (CP), la ciencia que se ocupa precisamente del gobierno de las sociedades. Intentaré exponer en estas páginas mi idea de lo que debe ser y hacer la CP en la era actual, y centraré mi exposición en identifi- car algunas de las tareas que le corresponde llevar a cabo; tareas que La hora de la ciencia política Los politólogos debemos asumir la función indeclinable de emprendedores y agentes del cambio en el ámbito sociopolítico e institucional. ARGIMIRO ROJO SALGADO POLÍTICA pueden calificarse de urgentes debido precisamente al estado generali- zado de crisis e ingobernabilidad existente. LA POLITIZACIÓN DE LAS SOCIEDADES Sin duda, la agenda inmediata y futura de nuestra disciplina ha de venir marcada de manera prioritaria por las propias características y desafíos de la sociedad actual (y que son consecuencia, a su vez, de las transformaciones experimentadas en las últimas décadas). Entre los grandes asuntos (issues) a los que es necesario hacer frente, aquí y ahora, cabe destacar el creciente y generalizado grado de ingobernabi- lidad, tanto a escala local como global; el debilitamiento de la democra- cia, junto al retroceso del espacio público y el descrédito de la política; la crisis económico-financiera, con sus consecuencias devastadoras en las economías y condiciones de vida de millones de personas; el problema ecológico sin precedentes y la destrucción de la naturaleza, con el consiguiente cambio climático; la creciente escasez de recursos energéticos que contrasta con un aumento exponencial de la demanda; el hambre, miseria, exclusión y violación de los derechos fundamenta- les para muchos millones de seres humanos, propiciado todo ello por la corrupción y el despotismo de muchos gobiernos instalados dentro de las sagradas fronteras del Estado-nación; los flujos migratorios masivos; el auge de los fundamentalismos, del terrorismo y crimen organizado; la inexistencia de un control y gobernanza adecuada sobre las nuevas tecnologías y determinados descubrimientos de la ciencia que pueden poner en peligro las condiciones de vida humana sobre la Tierra; y, en fin, la ausencia de un proyecto de gobernabilidad global capaz de gestionar los asuntos comunes de la Humanidad y que desbordan la capacidad y dimensión de los Estados. Estos y otros asuntos que conforman la agenda de las sociedades ac- tuales exigen ser gobernados; en otras palabras, nos fuerzan a recurrir a la política, entendida como actividad orientada a la regulación del conflicto y a la consecución de objetivos colectivos, siendo su resultado la adopción de decisiones que obligan a los miembros de la comunidad. Pues bien, es en este punto donde la CP ha de entrar en escena, cons-