122 PEPA ANASTASIO TONTO, MUERTO, BASTARDO E INVISIBLE: EL SUJETO POLÍTICO ESPAÑOL Y LA FANTASÍA DE LA NOVELA FAMILIAR EN UNA ENTREVISTA a propósito de la presentación de Tonto, muerto, bastardo, e invisible en 1995, y refiriéndose al escenario político en el que se desarro- lla la novela, Juan José Millás afirma: “Mi novela es una metáfora literaria de lo que sucede en este país” (Castilla 35). Publicada en 1995 un año después de que se descubriera el escándalo de Banesto, y mientras se juzgaba al que fuera director del Banco de España, Mariano Rubio, por tráfico de influencias y uso de información privilegiada, Tonto, efectivamente, salió a la luz en un momento oportuno, si bien el autor se defiende de cualquier acusación de oportunismo: “Es cierto, cada día que pasa la realidad se parece más a la nove- la, pero yo no tengo la culpa” (Castellano 16). 1 El argumento de Tonto, muerto, bastardo e invisible es sencillo: Despedido del puesto de responsabilidad que ocupaba en la administración, y una vez fuera, Jesús abomina de la corrupción reinante en el sistema del que se ha visto violentamente desalojado. El despido, junto a la reciente muerte de sus padres, obliga al protagonista a replantearse su lugar en el mundo y le empuja a empren- der un curioso proceso de autoanálisis a través del cual intentará dar con las claves que han definido su identidad hasta ese momento. A lo largo de ese pro- ceso, y con la excusa de contarle un cuento a su hijo, Jesús inventa un perso- naje, Olegario, en cuya historia irá poniendo elementos de su propia biografía con el propósito de comprenderla. Jugando una vez más con los conceptos del doble y la identidad, esta novela de Millás culmina con la absoluta identifi- cación entre el personaje protagonista y el ser de ficción que éste crea: Jesús, al final de la narración, no es otro que Olegario, “un héroe de novela” (Tonto 193). La novela no solamente refleja el escenario político de la España de los primeros 90, sino que el parecido es mucho más profundo: Jesús, el protago- nista de Tonto, puede entenderse como una metáfora del país mismo, un ejemplo de la proliferación del nuevo sujeto político caracterizado por el ci- nismo y producto, como han señalado Eduardo Subirats y otros, de la (in)tran- sición española. 2 Esta transición parecía quedar confirmada gracias a la rotunda victoria de las izquierdas españolas en las elecciones generales en 1982, abriéndose así, señala Subirats “la etapa heroica de la transición política, la edad de la nueva felicidad mediática de una España rotundamente posmoderna” (73). Sin embargo esta