1 NARRAR EL INFIERNO LATINOAMERICANO: LA CIUDAD MALDITA DE ROBERTO BOLAÑO ( 1 ) Manuel Villavicencio Universidad de Concepción (Chile) Universidad de Cuenca (Ecuador) El hombre ha imaginado una ciudad perdida en la memoria y la ha repetido tal como la recuerda. Lo real no es el objeto de la representación sino el espacio donde el mundo fantástico tiene lugar. (Ricardo Piglia). El infierno es como Ciudad Juárez, que es nuestra maldición y nuestro espejo, el espejo desosegado de nuestras frustraciones y de nuestra infame interpretación de la libertad y de nuestros deseos. (Roberto Bolaño). 1. Ciudad tomada y ciudad ausente 2 : los paradigmas de una doble tensión. El deseo de construir la ciudad ideal europea tiene su inicio con la fundación de las primeras urbes latinoamericanas, frente al desencanto de las ciudades europeas y la presencia demoníaca del colonizador, precisamente con la incorporación de la ciudad letrada. Para Ángel Rama, la 1 Este trabajo se inserta dentro del proyecto de tesis doctoral titulado “Ciudad tomada y ciudad ausente: los paradigmas del imaginario urbano en la Literatura Latinoamericana”, del Programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana de la Universidad de Concepción (Chile), y que fue presentado en las Jornadas Andinas de Literatura Latinoamericana (JALLA 2006) realizadas en Bogotá del 14 al 18 de agosto de 2006. 1 A partir de los usos metafóricos de La ciudad ausente de Ricardo Piglia y “La casa tomada” de Julio Cortázar, se pretende establecer los paradigmas del imaginario urbano en la narrativa latinoamericana desde su fundación hasta el siglo XXI. Se entiende por “ciudad ausente” el espacio de los muertos, los fantasmas, la literatura, el lenguaje, la utopía, las artes y lo fantástico. El sueño de la ciudad ausente es el sueño de una ciudad múltiple, polifónica, marginal; poblada por locos, olvidados y silenciados. Por el contrario, la “ciudad tomada” es el espacio invadido por la ciudad letrada, la dictadura y la informática, en donde están presentes las imágenes del colonizador, del dictador y de los procesos de globalización. Estas ciudades son máquinas de la vigilancia, que producen el dominio de los otros, de los cuerpos, de las imágenes, los símbolos y del código.