1 UN NUEVO ESTILO DE DISCURSO PÚBLICO Paul AUBERT Durante la Primera Guerra mundial la protesta de los intelectuales se estructura. Estos surgen como actores políticos cuando el sistema de la Restauración está confrontado a su propio bloqueo y antes que se vislumbren vías alternativas fuera de éste (tras el fracaso de las experiencias de renovación interna de Maura y de Canalejas). Ya no se trata de un movimiento de protesta coyuntural sino de una acción continua. El compromiso público de los intelectuales que Luis de Zulueta describía todavía en 1905 como una fiebre intermitente— se hace permanente. Aunque aparece, más allá de ciertos itinerarios individuales, una lógica colectiva, no cabe duda de que José Ortega y Gasset es uno los actores más importantes de esta evolución. Cuando el joven Ortega, al volver de Alemania, tras haber superado un período de reaclimatación y haberse resignado a pertenecer a una generación desprovista de guías o de maestros, decide emprender esta acción cívica, tiene una doble ambición : hablar claro y armonizar la libertad con la autoridad y la eficacia. Esta voluntad de estilo hace afirmar a Corpus Barga que Ortega carece de biografía o más bien que la mejor obra del filósofo es la invención de sí mismo. “Y desde luego se fundieron en mí la inclinación personal hacia el ejercicio pensativo y la convicción de que era ello, además, un servicio a mi país” (O.C., Madrid, Alianza ed., 1983, VI,351). Por inmodesto que parezca, el propósito no podía ser más preciso. La ambición del filósofo de racionalizar la vida pública pasa por la renovación del discurso público y la definición de nuevas modalidades de acción cívica : la educación política. No obstante, la evolución de su concepción del papel del intelectual se ajusta constantemente a la percepción de las circunstancias y de su propia situación, hasta llegar a teorizar su desaparición. Ortega señala al intelectual cuatro lugares estratégicos : el ensayo, la cátedra, el periódico y la política. Una vez lograda la construcción de sí mismo, al contacto con los maestros alemanes, según decía en cartas a su novia, el joven que regresa a Madrid no tarda en imponer un estilo inconfundible a sus intervenciones públicas gracias a la nitidez de su palabra y, añaden algunos compañeros, al encanto de su voz. Su fama será tal que a alguno de sus enemigos le parecerá oportuno sugerir que más que un filósofo o un intelectual,