Moenia 11 (2005), 459-462. Aserrín, aserrán, las ¿maderas? de San Juan XAVERIO BALLESTER Universitat de Valéncia En su benemérito recopilatorio de cantinelas infantiles Calvo Cantero & Pérez Fariñas (2003: 26) ofrecen el siguiente texto: Aserrín, aserrán las maderas de San Juan, las del rey sierran bien, las de la reina también, las del duque, trúquele, trúquele, trúquele, tra. Pero en la versión que al menos quien escribe siempre ha oído las maderas del segundo versete eran campanas y no había ninguna otra alusión a serrerías que las del enigmático y popular primer verso. Ciertamente la metáfora campanaria parece aquí más pertinente si tenemos en cuenta la funcionalidad y gestual concomitancia de la cancioncilla y que, como ibidem anotan Calvo y Pérez, consiste en esto: Con el niño sobre las rodillas, le agarramos de las manos y le hacemos balanceo adelante y atrás con cada verso. En los dos últimos versos, según está abajo, le hacemos cosquillas debajo de la barbilla. El balancear al infante ―como una campana― es una actividad propia de algunas de estas prácticas infantiles por las que, amén de entretenerlo, se pretende aprenda a con- fiar en el adulto y a sentirse seguro en sus manos. De hecho, a continuación Calvo Cantero & Pérez Fariñas (2003: 27) citan otra cancioncilla cuya función ―como r e- cuerdan― es parecida a la anterior. El texto ofrecido reza: Tris, tras, tris, tras, las campanas de Montalbán, unas vienen y otras van. Las que no tienen badajo van abajo, abajo, abajo. Las que tienen esquililla van arriba, arriba, arriba. Entonces, si lo realmente original son las campanas y no las maderas, ¿dónde quedaría todo aquel trabajo de carpintería y de dónde vendrían nuestros popularísimos