1 El Romancero en Asturias: Balance y perspectivas Jesús Antonio Cid Universidad Complutense 1. EL ROMANCERO HOY ¿CAMPO AGOSTADO O TAREA PENDIENTE? En el Romancero, como campo de estudios, se produce una aparente paradoja. Por una parte, no hay duda de que dentro de los géneros de la literatura oral, tradicional, o popular, el Romancero es un género privilegiado, que ha recibido más atención que cualquier otro en todo el mundo hispánico, y claro está que ello también afecta a Asturias. De ello se quejan a veces nuestros colegas de otros campos de la literatura tradicional que estiman, incluso, que el estudio del Romancero está “sobredimensionado”. De otro lado, los especialistas en el Romancero dicen — decimos— continuamente que existen varias tareas pendientes, o que prácticamente está todo por hacer en casi todos los terrenos; que del Romancero sólo conocemos en realidad una parte mínima; o bien que es necesario aplicar nuevos métodos, y que la erudición decimonónica y del siglo XX es insuficiente para abordar un género especialmente complejo; que las perspectivas filológicas o etnográficas no dan más de sí… y podríamos continuar las doléances coutumières hasta el infinito. Es posible que ambas posturas sean “correctas”. Es muy cierto que el Romancero ha gozado de un estatuto de privilegio desde mediados del XIX. Ello se debe a múltiples causas. Entre ellas: las conexiones con la épica y la historia medieval; el precedente ilustre de los textos del siglo XVI, de calidad literaria muy elevada en varios casos. Todo ello hizo que desde el principio se considerase el Romancero como una de las joyas de la corona de la literatura española, y como un género indiscutiblemente integrado en el gran canon de la literatura occidental. Súmense la presencia de los romances en el teatro y la poesía del Siglo de Oro; o la atracción que el Romancero ejerció sobre los primeros grandes teorizadores de la historia literaria y sobre poetas y otros creadores, desde el Romanticismo a los parnasianos: Herder o Grimm, y desde Byron, Southey, Longfellow. Victor Hugo, hasta Leconte de Lisle, Jose Maria Heredia y un largo etcétera. En España desde la generación del 98 y los modernistas en adelante, el Romancero es punto de encuentro para lectores y creadores con gustos y sensibilidades muy diversas, o antagónicas. Es lugar común manifestarse admirativamente sobre esa especie de “Iliada sin Homero” que se veía en los romances; y las potencialidades estéticas de estos poemas han seguido siendo percibidas por escritores creadores, desde García Lorca y Alberti hasta nuestros días.