De las trincheras de la guerra a las trincheras de la ciencia: las batallas perdidas del saber disciplinario Conferencia dictada el 17 de Mayo del 2012 en el marco de las celebraciones por el Día del Psicólogo en la Escuela de Psicología del Instituto Vocacional Enrique Díaz de León Mtro. Orión Arturo Flores Camacho Instituto Superior de Investigación y Docencia para el Magisterio Secretaría de Educación Jalisco 1. Las trincheras de la guerra La más elemental estrategia de combate dice que, para abatir más fácilmente a un enemigo poderoso, se han de abrir numerosos frentes de batalla que lo obligarán a dividir sus fuerzas, lo cual lo llevará a sucumbir, ya sea de cansancio por la falta de tropas de refresco, o aplastado por unas fuerzas que de tan bien racionadas parecen eternas. Valga la bélica metáfora para entender el ritmo de nuestro tiempo y nuestro mundo hoy. ¿Quién es ese enemigo atacado tan formidablemente desde tantos frentes? Nosotros, la raza humana, el culmen de la evolución. ¿Y quién coordina la andanada? Una realidad que se nos impone, orillada hasta este estado de las cosas por, oh sorpresa, nosotros mismos. Menudos tiempos los que nos ha tocado vivir. Permítaseme profundizar en las metáforas de contenido bélico: estamos rodeados por una guerra de alta intensidad, y no sólo me refiero al frente interno, el propio de nuestro país, abierto por la lucha contra el crimen organizado por las fuerzas de seguridad pública, ni a los otros tantos frentes materiales en los que la vida humana se ve amenazada por la violencia armada (la guerra contra el terrorismo, las guerras civiles que destazan desde sus adentros a una ya de por sí desgarrada África, las guerrillas sudamericanas, los regímenes persecutorios y totalitarios, y así un largo etcétera). Es una guerra que se pelea en trincheras tan disímbolas como las de la economía, la política, la cultura, las artes y las del orden social actual, empezando por ese supuesto “concierto de las naciones” que a principios del siglo XX servía muy bien para armonizar (forzadamente) a unas naciones que no veían el momento para atacarse entre sí, a esa Europa desgarrada por pasiones de realeza o de expansionismo, la misma que por alguna razón fue y sigue siendo el faro del mundo occidental, el modelo social al que las naciones modernas aspiran, la economía común ejemplar. Si, ahí están las evidencias, pero también está la tragedia griega que un día nos quita el sueño y otro también (y si no lo hace, debería: qué espejo tan perfecto en el cual verse), el abismo del Euro, la debacle española (la vieja metrópolis, ¡cómo puede ser!), la puesta en duda de derechas e izquierdas, el regreso de los radicalismos por la vía electoral. Y de este lado del Atlántico las cosas no pintan mejor, con un poderoso vecino cada vez más empecinado a encerrarse en sus adentros (la ejemplar nación estadounidense empieza a acusar síntomas de vejez), y una realidad tan continua y permanente como la línea que une a Tijuana con Tierra del Fuego: pobreza, exclusión, marginación, desigualdad, violencia, muerte.