Página1485 EL ROL DEL INSTRUCTOR DE SIMULACION CLINICA. EXPERIENCIA EDUCATIVA EN LA UCAM Andrés Rojo Rojo Universidad Católica San Antonio Murcia José Luis Díaz Agea Universidad Católica San Antonio Murcia INTRODUCCIÓN La simulación es una de las metodologías de aprendizaje que actualmente despiertan más interés, ocupa habitualmente un lugar de honor en los programas de jornadas y actividades de innovación docente. Pese a ello su uso, hoy por hoy, es limitado en la docencia de ciencias de la salud en general (Gomar y Palés, 2011). La simulación en esta área surge en las pasadas décadas y actualmente se postula como una de las metodologías que permiten dar respuesta a los fuertes cambios a los que se enfrenta la educación superior, siendo capaz de solventar las limitaciones de la metodología docente tradicional, en aras del cambio educativo surgido del Espacio Europeo de Educación Superior. La simulación es la representación artificial de un proceso del mundo real con la suficiente autenticidad para conseguir un objetivo específico: favorecer el aprendizaje representando en lo posible un escenario clínico más o menos complejo, y permitiendo la valoración de la formación de una determinada acción (López y cols, 2013). Muchas facultades de enfermería están revisando su currículo para integrar la Simulación Clínica como una experiencia educativa que contribuya a enriquecer el aprendizaje y la capacidad de adquisición de competencias de sus alumnos. Distintos autores citan el inicio de la simulación como práctica educativa en ciencias de la salud vinculada, a partir de los años 60, a la formación de médicos anestesistas. Si realizamos una revisión histórica, nos ofrece una realidad que ha pasado desapercibida. Nehring (2010), comenta que ya en 1874, Lees escribió que cada escuela de enfermería debería tener una “muñeca mecánica, modelos de brazos y piernas, esqueletos articulado, dibujos, pizarras y modelos”. Eleanor Krhon (2008), nos muestra que la enfermería ya desde principios de 1900 realizaba prácticas simuladas, al utilizar un maniquí a tamaño real para practicar situaciones básicas de cuidado, como aseos, cambios de posiciones y confort del paciente. Este maniquí, conocido como Mrs Chase, fue fabricado por la empresa de juguetes a petición del Hartford Hospital de Connecticut, con el objetivo de formar a los estudiantes de la escuela de enfermería que pertenecían a éste hospital. Inicialmente el maniquí, (1910) fue diseñado atendiendo las indicaciones de un médico, tenía la forma anatómica de la mujer del dueño de la fábrica y se dotó de articulaciones en miembros. Posteriormente (1913-1914) se fueron fabricando distintos modelos, tamaño infantil y bebe, así como cada vez más realistas. (Nehring, 2010). Los creadores de esta “muñeca” creían que podrían ayudar en las clases de demostraciones y proporcionaba a los estudiantes de enfermería la oportunidad de practicar sus habilidades sin causar daño a los pacientes. El uso en España de la Simulación Clínica como una experiencia educativa se encuentra en plena época de “germinación”, pues si bien existían distintos centros distribuidos por el territorio nacional destinados al uso de la simulación como estrategia formativa, (Centro Multifuncional Avanzado de Simulación e Innovación Tecnológica en Granada; el Centro de Entrenamiento en Situaciones Críticas del Hospital Marqués de Valcecilla de Cantabria, entre otros), ésta no se encontraba integrada plenamente en los planes de estudio de las universidades españolas para la formación pregrado de las ciencias sanitarias. Más bien se ha recurrido a ella como una estrategia accesoria utilizada por distintas asignaturas, y materias. Ahora bien, como señalan Gomar y Palés (2011), la simulación aplicada a la docencia no debe confundirse con la estructura dedicada a ello. En el territorio nacional, de