La Desigualdad en Venezuela, antes y después de la Revolución Bolivariana Lissette González A. Desde su irrupción en la escena política venezolana en las elecciones presidenciales de 1998, el discurso de Hugo Rafael Chávez Frías ha intentado presentarlo como una alternativa de cambio revolucionario. Si bien consta también de otros importantes elementos, desde nuestro punto de vista vale la pena resaltar que en su discurso aparecen como centrales dos elementos: 1) la ruptura con el orden social y político instaurado durante los 40 años previos del sistema democrático y, especialmente, con las élites puntofijistas (Romero, 2001); 2) la reivindicación de las demandas de participación e inclusión de los sectores vulnerables, tradicionalmente excluidos (Narvaja de Arnoux, 2008). Ambas características de su discurso han presentado al gobierno revolucionario como el único que ha dado respuesta a las necesidades de los sectores populares, en contraposición a los gobiernos anteriores, supuestamente orientados a la oligarquía y ajenos a los problemas de la población pobre. Este ensayo se propone exponer las orientaciones de la política pública antes y después de la llegada al poder del presidente Chávez, para poder establecer si este gobierno ha generado cambios sustantivos en las condiciones sociales de la población venezolana y, por tanto, si ha tenido algún impacto en la desigualdad. Breve recuento de la situación social antes de 1999 La caída de la dictadura en 1958 y el consiguiente pacto entre los principales actores políticos dio paso a un largo período de estabilidad en el que se observó por primera vez la alternabilidad en el poder. El régimen democrático contaba con aceptación en la población no sólo por haber garantizado el derecho al voto universal, también por las promesas de mejora social. Es por ello que la intervención del estado venezolano en el área no era un elemento accesorio, sino que formaba parte de su estrategia de consolidación del nuevo sistema político (González & Lacruz, 2008). Los pilares de la acción social fueron las redes públicas de educación y salud; desde fines de los 50 se amplía rápidamente la infraestructura en ambos. El efecto es notorio: la tasa de analfabetismo de la población venezolana pasó de 49% en 1950 a 6% en el 2000 (González, 2011), mientras que la tasa de mortalidad infantil disminuyó de 56 por mil nacidos vivos en 1959 a 19 por mil en el 2000 (González & Lacruz, 2008). Paralelamente a la inversión pública en fortalecer el capital humano, las políticas de control de precios, protección del empleo y subsidios indirectos posibilitaron el incremento del ingreso de los trabajadores, en un contexto de crecimiento económico basado en la exportación petrolera y los recursos que aportaba para sostener el gasto público. Como resultado, la sociedad venezolana observó una creciente igualación de oportunidades y movilidad social ascendente (Briceño-León, 2000) (González, 2004). En la década de los ochenta la caída de los precios del petróleo y la crisis de la deuda externa finalizaron el superávit en las finanzas públicas. Si bien no se realiza un ajuste en el modelo económico vigente, la respuesta fue la caída del gasto social. Si bien la orientación de la